El lema de este año, de la Pascua Joven, es “Joven con valentía, vive tu llamado” y encierra una carga semántica profunda que interpela la identidad misma de la juventud contemporánea.
En este encuentro, ser valiente no se define por la ausencia de miedo, sino por la capacidad de habitar el silencio en una era de distracción total. Esta búsqueda de un “silencio interior” se convierte en un acto de resistencia frente a la hiperconectividad que asfixia la vocación personal.

Samira Abdalá, coordinadora de la Pascua Joven en la iglesia de Santísima Trinidad, describe esta lucha interna como el primer desafío: “Como jóvenes, muchas veces no es fácil, por todas las tentaciones, por todos los problemas y cuando hay mucho ruido, es difícil que vos puedas justamente escuchar ese llamado, porque si hay un llamado, alguien tuvo que haber hablado”, dice.
Pascua Joven: la experiencia de la fe como catalizador
Esta perspectiva de Abdalá encuentra su eco y complemento en la visión de Iván Bordón, coordinador de la Pascua Joven en la parroquia Perpetuo Socorro, quien identifica la experiencia de fe como un catalizador que permite al joven enfrentar el miedo ante las dificultades de la vida moderna:
“Lo que sería no tener miedo, básicamente descubrir que en Jesús todo puede ser posible... miedo para enfrentar las situaciones de la vida, lo cotidiano, las dificultades mismas de la juventud de ahora.”
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Este “proyecto de vida” que ambos coordinadores delinean es un llamado a la acción pragmática. La valentía se traduce en la determinación de dar el “primer paso”, una voluntad que, lejos de quedarse en la introspección, puede terminar en una movilización juvenil vibrante y masiva.
La Pascua Joven y el Triduo Pascual
En la parroquia Santísima Trinidad, bajo la coordinación de Samira Abdala y el subcoordinador Iván Ricardi, este año la convocatoria ha logrado reunir a un contingente de aproximadamente 150 jóvenes. Este grupo no solo asiste a las actividades litúrgicas, sino que habita el espacio sagrado en jornadas de inmersión total, que comenzaron el Miércoles Santo, continúan hoy y se extienden hasta el júbilo final de la madrugada dominical.

Por su parte, en la comunidad de Perpetuo Socorro, la afluencia ha superado las proyecciones más optimistas. Iván Bordón reflexiona sobre este éxito, con una mezcla de gratitud y compromiso institucional: “Este año sí, superamos nuestras expectativas de participación. Estamos muy felices por eso y creo que estamos haciendo un buen trabajo también, que lo que se ve en nuestro servicio se ve reflejado en la participación de los jóvenes”, dijo.
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Sin embargo, esta intensidad espiritual quedaría incompleta si se agotara dentro de los muros parroquiales. La verdadera prueba de la Pascua Joven ocurre cuando el fervor del templo debe confrontar la aspereza de la realidad nacional.
Los jóvenes y las denuncias más urgentes del cardenal
El discurso juvenil de la Pascua 2026 se ha sintonizado con las denuncias más urgentes del Cardenal, quien en la misa crismal del Jueves Santo, ha señalado con dureza la herida abierta del hambre y la desnutrición infantil en Paraguay. La metáfora de las “mesas que no tienen pan” se convirtió en un imperativo moral de justicia social. Los jóvenes han entendido que el “pan espiritual” pierde su sentido si no se lucha por el pan material del prójimo.

En Santísima Trinidad, Abdalá explicó que los movimientos juveniles arquidiocesanos tuvieron una asamblea general y se plantearon “cómo, como agentes pastorales, nosotros podríamos ser jóvenes en salida, salir de nuestros predios. Y se está haciendo un plan para que cada comunidad juvenil pueda desarrollar misiones”.
“Muchísimas veces nos alejamos de la política, pero la política está en todo...”, reflexionó la coordinadora y explicó que analizan distintas actividades que buscan tender puentes entre la sacristía y la calle. No se trata solo de debatir sobre la pobreza, sino de encarnar la solidaridad a través de visitas a hogares, acompañamiento a sectores vulnerables y la entrega de donaciones.
Iván Bordón subrayó que este contacto con la realidad es indispensable para que la formación del joven sea auténtica: “Queremos darle también ese enfoque a lo que hacemos acá, para que los jóvenes tengan ese contacto con la realidad que estamos viviendo ahora”, señaló.
Cambios en la sociedad
Estas prácticas, de contacto solidario con las comunidades, y de reflexión en busca del llamado interior, transforman al joven en un agente pastoral dinámico, capaz de leer los signos de los tiempos y de actuar como un catalizador de cambio en una sociedad que clama por integridad.
En un Paraguay que atraviesa desafíos estructurales profundos, la decisión de estos jóvenes de dar el “primer paso” en su proyecto de vida, es una semilla de esperanza para el tejido social.
