El impacto de las pelotas de hielo destrozó parabrisas, abolló carrocerías de vehículos, perforó techos de zinc, rompió tejas en viviendas y produjo goteras hasta en los barrios más chuchis.
El perjuicio ocasionado a la población pudo observarse en directo a través de las redes, con los informes de la ciudadanía que mostraban imágenes de contundencia lamentable. Me entró culpa y un poco de miedito por haber activado, esa tarde, el palo de lluvia que me regaló el inefable artista y querido amigo Ishir Chamacoco, Ogwa, Flores Balbuena.
Como a las cinco de la tarde de ese sábado, se me antojó agitar el tapuapú pidiendo lluvia y temperatura fresca. A la noche miré con respeto al instrumento llamador de lluvia, mientras el agua caía a cántaros y las piedras de amandáu golpeaban y agujereaban los techos con estridencia. Vaya poderoso efecto, pensé, aunque meteorología ya venía anunciando la tormenta. La gente reportaba cortes de energía eléctrica en múltiples zonas e inundación por caudalosos raudales.
El temporal llegó con ráfagas de viento cercanas a los 100 km/h, truenos y relámpagos, más la destructiva granizada, condiciones de inestabilidad asociadas al fenómeno de El Niño, patrón climático que calienta las aguas del océano Pacífico y altera las lluvias en la región. Cuando escribo estas líneas, escucho alerta meteorológica de similares proporciones para mañana jueves 8 de octubre por la noche.
Por las dudas voy a esconder el palo de lluvia. Se acabaron las lonas, plásticos y tejas cuyos precios subieron a la estratósfera. No se consigue un obrero de la construcción dedicado a la reparación de techos. Los chapistas y vidrieros también están muy ocupados. El lado positivo del drama.
La madrugada del domingo 4 de octubre amaneció con lluvia mansa. Día de San Francisco de Asís, de los animales y de la votación municipal. La mañana electoral fue de participación escasa.
Al mediodía, la gente se movilizó en Asunción y acudió a votar dándole la victoria a la ingeniera civil Soledad Núñez, de la Alianza Juntos por Asunción. Esa noche Sole Nu afirmó “sí se pudo”. Con actitud cortés y refinada respondió con su visita a la invitación al programa de TV del tilingo del micrófono, quien sostuvo una inmisericorde campaña descalificadora, llena de insultos en contra de Soledad y la Alianza.
Ella dijo también que ganó Asunción, ganó la gente que sueña vivir en una ciudad que funciona. Ganó la voluntad de la gente que no se rinde, que se resiste, que no se vende. Reconoció que pudo haber ganado con votos colorados y que sería intendenta para toda la ciudadanía, mujeres y hombres, sin partidismos. Fue un fin de semana de las pelotas de hielo y de los votos calificados, alquilados, comprados, anulados, etc.