5 de octubre de 2026

La evolución de la adquisición neta de activos no financieros (inversión pública en infraestructura) muestra un cambio importante de ritmo durante 2026. Entre enero y agosto, las inversiones de la Administración Central acumularon G. 4,479 billones (US$ 719,7 millones; 1,1% del PIB), frente a G. 3,756 billones en el mismo periodo de 2025. Esto representa un incremento interanual de 19,3%, aunque el comportamiento mensual revela una trayectoria volátil, con fuertes expansiones a partir de abril y correcciones posteriores, de acuerdo con datos del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).

Un reciente informe técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), titulado Arreglos institucionales para una gestión eficiente de la inversión pública: una revisión de los sistemas nacionales de inversión pública (SNIP) en América Latina y el Caribe y experiencias destacadas, examina los factores que inciden en el impacto económico de la inversión pública en la región. La investigación revela que una gestión eficiente de estos recursos puede incrementar hasta 2,5 veces el crecimiento económico, pero también destaca que América Latina y el Caribe enfrentan importantes desafíos para alcanzar este potencial.

La inversión pública es la asignación de recursos destinados a la adquisición de bienes y la ejecución de proyectos que aumentan el patrimonio de las entidades estatales, con el objetivo de crear, expandir, modernizar, mejorar, renovar o reconstruir la infraestructura y la capacidad de producción de bienes y prestación de servicios.

El país ha avanzado en el manejo de sus finanzas públicas y el reciente logro de obtener la calificación de grado de inversión es un testimonio de ello. Nuestras finanzas supieron sobreponerse a un difícil inicio de los años 2000, marcado por un default selectivo, continuando luego con presiones en el gasto de remuneraciones por decisiones políticas y la necesidad de mayor gasto público para enfrentar situaciones inesperadas (como inundaciones, sequías, pandemias, crisis regionales, etc.). Esta situación, en parte, me recuerda al mítico personaje de Perurima, ya que, como relataba Alcibiades González Delvalle “de todos los apuros supo salir”.

El Gobierno ha informado que el déficit fiscal anualizado se ha reducido del 4,1% del PIB al cierre de 2023 al 3,2% en mayo. Esta sería una buena noticia si no fuera porque tal reducción no se produjo como resultado de una caída significativa del gasto corriente y de los costos fijos, que, al contrario, se han incrementado, sino de un aumento de las recaudaciones aportadas por los contribuyentes y de un recorte drástico de las inversiones públicas, que en lo que va del año recibieron 50% menos de recursos que en el mismo período del año pasado.