Hoy vamos a hablar con mucha franqueza sobre este asunto del tabaco y la necesidad de su control. No voy a modular los ejemplos, porque se encuentren presentes en el auditorio niños de todas las edades; la publicidad engañosa sobre los cigarrillos llega impunemente a nuestros niños y jóvenes en todos los horarios a través de diferentes medios y son ellos quienes más deben conocer sobre los efectos nocivos del tabaco: enfermedades crónicas cardiovasculares y respiratorias; cáncer en varios órganos y una alta carga sanitaria, social y económica derivada. Los niños, adolescentes y jóvenes, las mujeres y los pobres son las víctimas más afectadas de la última década.
En el año 2006 fue aprobado por ley el Acuerdo Marco para el Control del Tabaco. En el 2008 el Gobierno impulsó dos resoluciones ministeriales para regular la publicidad, instalar mensajes de advertencia en las cajetillas y crear espacios libre de humo para proteger a la población. Una acción judicial promovida por una empresa dejó sin efecto estas medidas. Como respuesta vinieron después dos decretos históricos firmados por el Señor Presidente. Sin embargo, nuevas acciones judiciales anularon las regulaciones establecidas.
Durante el 2010 se impulsó y aprobó en el Congreso una nueva ley que introdujo elementos contradictorios en casi todas las medidas de regulación y control que establece el acuerdo marco. Esta ley fue vetada por el Presidente de la República, consecuente con las recomendaciones de médicos especialistas, de expertos de la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud. Contradictoriamente, fue un ex ministro de Salud quien impulsó esta ley en el Parlamento.
Muchos intereses determinan esta situación. Sin lugar a dudas, en este caso, predominan los intereses económicos de un pequeño grupo que tiene una gran influencia en nuestro país.
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Este año hay que recuperar el debate ciudadano sobre este tema. Hoy quisiera aportar algunas ideas para este debate y me gustaría dirigirme a ustedes directamente, sin eufemismos y sin rodeos sobre la verdad acerca de 3 mentiras frecuentes de quienes promocionan cigarrillos entre jóvenes y 3 acciones para evitar que más gente enferme, sufra y muera a consecuencia del tabaco en nuestro país.
Mentira 1: La gente que fuma tiene una voz más sensual.
La verdad es que la gente que fuma corre un serio riesgo de padecer cáncer de laringe y cáncer de pulmón. Un cambio en la voz es una señal de inflamación y puede ser, al mismo tiempo, un signo de una lesión maligna de la laringe. Es posible que las personas que padecen este tipo de cáncer requieran de un tratamiento radical y mientras sobrevivan tendrán un orificio en el cuello de manera permanente y necesitarán taparlo con un dedo para poder hablar. El cáncer de pulmón figura entre los tumores malignos más frecuentes y mata a muchas personas. En general, la evolución es muy penosa para el paciente y para su familia.
La publicidad que trata de dar un sentido diferente a estos hechos es engañosa, antiética, inmoral y busca directamente, a través de este engaño, sumar a más fumadores adolescentes y jóvenes. Este asunto debería ser tema de debate de toda la sociedad y especialmente de todos los estamentos de la comunidad educativa.
Mentira 2: La gente que fuma se ve más sexy.
La verdad es que la gente que fuma tiene más riesgo de padecer impotencia sexual y otras disfunciones. Sumado a este hecho hay un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares que, además de otras limitaciones, restringen de manera notoria las relaciones de pareja. El hecho de fumar aumenta el riesgo de insuficiencia circulatoria en miembros inferiores. No es infrecuente que las personas que sufren este trastorno terminen con amputaciones de sus miembros.
Se suman también los trastornos respiratorios, los cuales son también limitantes: las personas tienen dificultad para respirar, presentan dolores en el tórax y hay enfermedades donde el fumador presenta una tos persistente acompañada de flemas abundantes de color blanquecino, amarillo o verdoso dependiendo de la infección agregada. Hay aspectos poco divulgados pero que valen la pena mencionarlos: los fumadores por lo general roncan intensamente por las noches y tosen compulsivamente. Es bien conocida la tos del fumador.
Las personas que fuman no tienen mejor aspecto que las demás. Es más, los dientes se vuelven amarillos, el mal aliento es notable y las personas presentan un aspecto de envejecimiento prematuro. A la larga, todos estos aspectos son definitivamente poco románticos y sensuales.
La publicidad glamorosa que trata de mostrar lo contrario es engañosa y muchas personas caen en esta trampa.
Mentira 3: Las tabacaleras y, por consiguiente, la gente que fuma contribuyen al desarrollo del país.
En realidad quienes se benefician son un grupo de empresas multinacionales y algunos empresarios nacionales. El negocio se ha desplazado hacia los países que no tienen medidas regulatorias o donde no se cumplen por diversos motivos.
La desgracia de ser pobres y todos los determinantes sociales relacionados ha encontrado un nuevo mercado donde los más necesitados son a su vez los más vulnerables y quienes sufren en mayor medida las devastadoras consecuencias de ser fumadores. Para las familias pobres los gastos diarios de la compra de cigarrillos pueden representar más del 50% del ingreso diario y significa a veces que niños no tengan alimentos suficientes porque sus padres prefieren fumar y al mismo tiempo son más susceptibles de padecer muchas enfermedades por estar expuestos directamente al humo del tabaco.
Independientemente de la condición socioeconómica, el gasto en cigarrillos es inútil y perjudicial para la persona y para su familia y siempre podrá encontrarse un mejor uso para ese dinero. Por ejemplo, si un padre fumador de clase media ahorrara sus gastos diarios de cigarrillos, cuando nace su hijo o hija tendría el dinero suficiente para pagar la totalidad de la universidad cuando ese niño o niña termine el colegio. Si un fumador de buenos ingresos ahorrara sus gastos por cigarrillos para hacer filantropía, podría regalar una cena de Navidad a 400 niños cada año.
Por otra parte, los montos en impuestos que pagan las tabacaleras son extraordinariamente menores a los gastos que se derivan de las enfermedades que produce el tabaco de manera directa, año tras año. Estimamos que los gastos producidos por estas enfermedades superan los 200 millones de dólares al año en nuestro país y los impuestos cobrados es menos de un tercio de esta cifra.
En todos los casos el hábito de fumar produce un daño económico y las implicancias éticas son muy inquietantes para cualquier hombre o mujer de bien que considere estos aspectos. El camino que tenemos es el que mundialmente se está impulsando a través de la implementación del Acuerdo Marco para el Control del Tabaco y es por eso que quiero reiterar: tres acciones para impedir que más gente enferme, sufra y muera a consecuencia del tabaco:
1- Espacios libres de humo: en todos los lugares públicos, sin excepción. Es inconcebible que haya retrocesos con medidas permisivas que han demostrado que no contribuyen al control del tabaquismo. Los denominados espacios para fumadores no son aceptables porque exponen a los trabajadores y las emisiones no siempre perceptibles por el olfato son tan dañinas para quienes las inhalan como para el propio fumador. El humo del tabaco produce unas 4.000 sustancias tóxicas, 50 de ellas son cancerígenas.
2- Regular la publicidad de cigarrillos: la publicidad engañosa dirigida a adolescentes y jóvenes que buscan reclutar nuevos fumadores son, si no ilegales, éticamente y moralmente inaceptables. Es inadmisible que los medios acepten este tipo de publicidad y que la sociedad de educadores, de padres o cualquier organización ciudadana no se movilice en contra de este hecho. Con este sustento ético hay que avanzar en medidas de restricción legal que incluyen a todo tipo de publicidad que promocione cigarrillos y las advertencias en las cajetillas.
3- Incrementar los impuestos al tabaco: los daños directos e indirectos tienen un alto impacto económico que son pagados por fumadores y no fumadores. El costo público y privado de las enfermedades relacionadas con el tabaco es inmenso y no guarda relación con lo que el Estado recibe en concepto de impuestos. Es necesario ajustar esta situación, es una cuestión de justicia y equidad.
Está bien demostrado que el conjunto de estas medidas pueden ser altamente efectivas para controlar el consumo del tabaco en niños, adolescentes y jóvenes. ¿Es posible implementarlas? Claro que es posible. ¿De qué o de quienes depende?
Está claro que se requiere de una voluntad política, y aquí el Congreso Nacional, diputados y senadores, tienen una responsabilidad directa. También es cierto que se requiere de un Poder Judicial imparcial y sin corrupción.
Tenemos la obligación de defender a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, a las mujeres, a los trabajadores a toda la sociedad. Las municipalidades pueden implementar ya, a través de sus ordenanzas, muchas de estas acciones y los gobernadores pueden liderar que cada uno de los departamentos del país esté libre de humo. El Ministerio de Salud tiene un nuevo proyecto de ley para dar garantías a las personas. Hay que trabajar en todos los frentes. Pero más importante que todo esto es la posición que asumen los ciudadanos y ciudadanas de este país. Debemos adoptar una posición ética sobre este asunto. No es posible tolerar la publicidad engañosa, la impunidad social de exponer a las personas a un humo nocivo y a un daño premeditado e impune a su salud. Esta es una cuestión eminentemente ciudadana. Ahí está la clave.
A los jóvenes que aún no fuman es importante decirles que definitivamente ser fumadores no les hará mejores personas. Muy por el contrario, les convertirán en personas enfermas, portadores de un hábito desagradable, de muy mal gusto, y les hará gastar un dinero que bien utilizado podría servir para muchas cosas más útiles. De la misma manera que el fuego va consumiendo cada cigarrillo, va consumiendo la vida misma, con cada bocanada, cada cigarrillo, cada cajetilla, de manera inexorable.
No hay ni un solo aspecto del acto de fumar que pueda ser positivo. En ningún sentido y de ningún modo. La ciencia es contundente sobre esta afirmación y todas las personas que no fuman deberían defender de manera enérgica su derecho a la salud.
Quienes ya fuman y aún no notan los efectos dañinos del tabaco, deben saber que sí es posible abandonarlo. La adicción o el hábito puede ser superado y hay varios métodos para hacerlo. No van a engordar y todos los mitos relacionados son falsos. Es posible que aún estén a tiempo de evitar daños definitivos. Lo digo con conocimiento de causa, como ex fumador.
Para quienes ya es tarde y los daños se han instalado de manera irreversible les queda el deber moral de compartir con su familia, sus amigos, sus vecinos y con la sociedad toda su experiencia personal para que otros no tengan el mismo destino.
En este mes del Bicentenario de Nuestra Independencia, todo el país ha experimentado un gran sentimiento de valoración de nuestra historia y del sentirnos paraguayos y paraguayas y de renovar nuestro compromiso para hacer del Paraguay, con el esfuerzo de todos y todas, un mejor país donde vivir. Un gran pacto con nuestro presente y con nuestro futuro.
Me viene a la memoria esta hermosa canción de Carlos Miguel Giménez “Mi Patria Soñada” y siento, ante este magnífico auditorio, gracias a ustedes, que es posible soñar con una Patria libre del humo del tabaco.
(Discurso del viceministro de Salud Pública pronunciado en la Manzana de la Rivera con motivo del Día Mundial Sin Tabaco).