
En nuestras relaciones diarias, los abogados hacemos uso cotidiano de vocabulario común como cualquier persona. Pero también hacemos uso de un lenguaje técnico como cualquier otro profesional. La técnica del lenguaje no es otra cosa que una herramienta que pretende evitar y reducir al máximo posible la ambigüedad de los fenómenos que describimos cuando hablamos, reduciendo su polisemia y unificando los conceptos a los que referimos cuando trabajamos. La ambigüedad es, por eso, un fenómeno que describe con la misma palabra varios conceptos y puede aceptarse en la jerga, no así en la técnica profesional. Más aún si esta aspira en convertirse en ciencia.
Con la misma angustia que aqueja al Dr. Juan Carlos Mendonça, me siento y nos sentimos los abogados del foro. El desconcierto del profesor, expresado en el Semanario Judicial de ABC Color del 18 de mayo pasado, muestra un estoico –y hasta si se quiere emotivo– intento de contención al ataque flagrante contra formas de protección de los derechos constitucionales de los ciudadanos. Mi queja, en este caso de un joven jurista que no quiere vivir viendo cómo matan la defensa y las garantías constitucionales, se suma a su reclamo, a su voz, así como a la de abogados y ciudadanos a quienes servimos.