Neandertales de hace 75.000 años cuidaban a sus heridos y enterraban a sus muertos

Escápula izquierda de Shanidar A, Centro Leverhulme de Estudios sobre la Evolución Humana de la Universidad de Cambridge.
Escápula izquierda de Shanidar A, Centro Leverhulme de Estudios sobre la Evolución Humana de la Universidad de Cambridge.Universidad de Cambridge

MADRID. Un neandertal de unos 45 años sobrevivió más de un año a una grave lesión facial gracias al cuidado de su grupo, antes de morir lanceado y ser enterrado en una cueva del Kurdistán iraquí hace unos 75.000 años.

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El estudio de los restos de un neandertal descubierto en una cueva del Kurdistán iraquí revela que murió al ser herido con una lanza de madera afilada, aunque la investigación reveló mucho más: antes, el individuo logró sobrevivir a un grave traumatismo facial gracias a los cuidados de sus congéneres.

Los resultados del estudio sugieren que los cuidados continuaron tras su muerte y que, hace unos 75.000 años, este individuo, denominado Shanidar A, fue expresamente enterrado en una zanja, en un acto simbólico funerario.

Para los autores, estas evidencias corroboran que los neandertales de la cueva de Shanidar cuidaban a los miembros del grupo en la vida y en la muerte.

Uno de los yacimientos paleolíticos más importantes del mundo

Shanidar es uno de los yacimientos paleolíticos más importantes del mundo. Desde que comenzó a excavarse en 1957, se han excavado los restos de al menos una decena de neandertales de hace entre 50.000 y 75.000 años que demuestran que estos humanos tenían un comportamiento mortuorio complejo, intencional y simbólico.

Algunos de ellos fueron depositados en un punto específico, un espacio de un metro de profundidad, 1,5 metros de largo y uno de ancho que durante miles de años se usó para enterrar a varios miembros del grupo.

El lugar estaba situado dentro de la cueva, justo detrás de un gran bloque de piedra vertical que los neandertales probablemente usaban como referencia o “punto visible”, explica a EFE la coautora del estudio e investigadora del CENIEH, Nohemi Sala.

Los restos parecían haber sido colocados reclinados sobre la espalda con la cabeza orientada al este y los brazos sobre o junto al cuerpo. Shanidar A, que es probablemente el más antiguo de los individuos enterrados en esta zanja natural, se hallaba justo debajo del torso de una mujer (Shanidar Z) y yacía colocado boca arriba y orientado al este.

Imagen de archivo. La profesora asociada de Evolución de la Salud, la Dieta y las Enfermedades, Emma Pomeroy, posa junto al cráneo reconstruido y una reconstrucción física del rostro y la cabeza de una mujer neandertal de 75.000 años de antigüedad, llamada Shanidar Z, en la Universidad de Cambridge, en el este de Inglaterra, el 25 de abril de 2024.
Imagen de archivo. La profesora asociada de Evolución de la Salud, la Dieta y las Enfermedades, Emma Pomeroy, posa junto al cráneo reconstruido y una reconstrucción física del rostro y la cabeza de una mujer neandertal de 75.000 años de antigüedad, llamada Shanidar Z, en la Universidad de Cambridge, en el este de Inglaterra, el 25 de abril de 2024.

De este varón adulto, de unos 45 años, descubierto en 2020, se recuperó la mano derecha casi completa, fragmentos de costillas y costillas enteras, la escápula (omoplato) izquierdo y siete dientes.

Al analizarlos, descubrieron que tiempo antes de morir, este individuo sufrió un violento traumatismo en la cara que le partió un incisivo y desplazó los dientes contiguos.

Sin embargo, el estudio del sarro de los dientes reveló que Shanidar A siguió alimentándose durante al menos un año más después de la herida, durante una convalecencia sumamente dolorosa que le hubiera provocado la muerte de no ser por los cuidados y la alimentación recibidos por sus congéneres.

“Sobrevivir a un golpe capaz de partir un diente de esta manera y seguir viviendo y alimentándose durante al menos un año, quizá más, habría requerido cuidados y apoyo de otros neandertales”, explica la autora principal del estudio e investigadora de la Universidad de Cambridge, Emma Pomeroy.

Pero aunque superó este terrible accidente, Shanidar A murió poco después al recibir el impacto frontal de una lanza de madera afilada. Pudo ser un accidente de caza o la evidencia más antigua del uso letal de una lanza de madera.

El impacto dejó en su tórax un agujero circular de bordes lisos, de unos 15 mm de diámetro, con fracturas radiantes y fragmentos óseos desplazados.

Para Pomeroy, es “extraordinario” haber encontrado una escápula de hace 75.000 años “tan bien conservada”. “Son huesos tan finos que a menudo ni siquiera se recuperan escápulas completas en enterramientos actuales”, pero aún así, “pudimos extraerla de una sola pieza, pese a estar enterrada bajo casi ocho metros de roca y sedimentos”, resalta.

El estudio de Shanidar A se une a la larga lista de evidencias que indican que los neandertales cuidaron de personas con graves discapacidades, como parálisis, sordera o ceguera parcial, y que esos cuidados no acababan con la muerte, sino que continuaban con comportamientos funerarios como los que prestaron a este individuo que, tras morir lanceado, fue depositado en una fosa protegida dentro de un espacio funerario compartido.