El Gobierno chino propone introducirla gradualmente en los sectores que requieren abundante mano de obra, avisar con antelación a los empleados afectados y facilitar su reconversión profesional, según unas directrices del Consejo de Estado (Ejecutivo chino) publicadas este viernes.
El documento, que recoge 18 medidas, reconoce los riesgos de desplazamiento laboral asociados a la automatización y plantea evaluar sus efectos sobre el empleo, incluso mediante mecanismos de alerta ante posibles situaciones de desempleo a gran escala.
Las recomendaciones llegan cuando la expansión de la IA comienza a afectar a ocupaciones como los operarios de cadenas de montaje, los auxiliares administrativos y los contables de nivel inicial, recogieron medios locales.
Gong Piming, investigador de la Academia China de Investigación Macroeconómica, advirtió en un análisis publicado en el diario Study Times de que la legislación y las políticas laborales avanzan más lentamente que la tecnología, lo que deja lagunas en la protección de los trabajadores.
El experto señaló también los problemas derivados de la gestión algorítmica del personal, como la intensificación de las jornadas y la falta de garantías en las evaluaciones del rendimiento.
Por su parte, Pan Helin, asesor de un comité de expertos del Ministerio de Industria, indicó a al portal económico Jiemian que las fábricas tradicionales están reduciendo determinados puestos mientras aumenta la demanda de profesionales especializados en IA y economía verde.
Las directrices contemplan asimismo medidas contra la discriminación algorítmica en la contratación y las vulneraciones de la privacidad y del derecho al descanso, aunque no establecen obligaciones generales ni plazos concretos para las empresas.
China superó los 700 millones de usuarios de IA generativa durante el primer semestre de 2026, más de la mitad de su población, en medio de una rápida expansión de estas herramientas hacia las actividades empresariales y administrativas, según datos oficiales.
La iniciativa se enmarca en los esfuerzos de Pekín por sostener el empleo y acelerar la modernización tecnológica de su economía, mientras la competencia con Estados Unidos por el liderazgo en IA y las restricciones estadounidenses a la exportación de chips avanzados empujan a China a desarrollar sus propias capacidades.
