JOHANNESBURGO. El presidente Zuma defiende la poligamia como su “parte de cultura” africana y una manifestación de solidaridad familiar ventajosa para la sociedad: “hay muchos hombres políticos que esconden a sus amantes y a sus hijos para poder decirse monógamos. Prefiero ser franco” , dice.
Pero existen pocas familias como la suya en Sudáfrica.
Si bien es difícil tener estadísticas recientes, los datos sobre el tamaño de las familias sudafricanas son elocuentes.
Un hogar cuenta ahora con menos de cuatro personas, según datos de 2007 (3,7 personas, contra 4,5 en 1996) y según los sociólogos, la poligamia está poco extendida, incluso ida entre la mayoría negra y las comunidades mestizas o indias.
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Un estudio de 2010 mostraba que las tres cuartas partes de los sudafricanos desaprueban la poligamia y que el 83% de las mujeres son hostiles a esta costumbre.
Marginales, las familias polígamas sin embargo siguen siendo perfectamente reconocidas por la Constitución.
Adoptada en 1996, la ley fundamental sudafricana se detiene en efecto a establecer un equilibrio entre varios principios.
Por una parte está la afirmación de la igualdad entre las mujeres, nacida de una voluntad de romper con el espíritu patriarcal y machista dominante en la sociedad sudafricana en la época del apartheid.
Por otra parte está la preocupación de evitar toda discriminación entre diferentes estilos de vida en una sociedad muy heterogénea, crisol de descendientes de colonos holandeses, franceses, británicos, inmigrantes judíos, indios y africanos, por lo que es apodada la “nación arcoiris” .
La Constitución otorga una perfecta igualdad de derechos entre hombres y mujeres, coloca a los homosexuales en un estricto pie de igualdad, pero autoriza también la existencia de un derecho consuetudinario que permite la poligamia.
Las familias polígamas, sean de tradición musulmana o bantú, tienen así cabida, como la de Robert Chauke, alegre esposo de seis mujeres y padre de 26 niños, que recibió a la AFP en su township de Orange Farm, cerca de Johannesburgo.
Aparcado delante de la casa, el minibús de 22 plazas que sirve de coche familiar resume su situación y su opinión sobre la poligamia.
“Es una bendición divina” , afirma este quincuagenario, cuyo padre tuvo cuatro esposas y el abuelo, siete.
Satisface las necesidades de su pequeña tribu gracias a una taverna y a sus actuaciones como cantante de un grupo musical tradicional Tsonga.
Sus seis esposas, de entre 25 y 44 años, viven con él bajo el mismo techo y comparte cama con cada una por turnos. Su hijo mayor tiene 28 años y el pequeño es un bebé de 10 semanas.
“Ninguna de mis esposas trabaja, las quiero a todas, viven conmigo en esta casa y formamos una gran familia feliz” , añade este hombre.
Josephina, su primera esposa, confiesa que es ella quien animó a su marido a casarse con su propia hermana pequeña “para que podamos estar todos en familia y que pueda educar a sus hijos en un marco familiar” .
En cuanto a Zuma, “no hay nada malo a que el presidente se case con tantas mujeres. Si puede, puede” , estima este africano.
“Ser un hombre no es una cuestión de dinero. Todo está en la cabeza. La cuestión es poder ocuparse y satisfacer todas las necesidades de su familia. A todas luces, nuestro presidente tiene la capacidad” , añade.