El tanto, una nueva demostración del valor de un futbolista que medita su futuro, es un golpe doloroso al equipo de su hermano. El Cádiz, solo cuatro puntos por encima de la zona de descenso, cedió su resistencia. Hermanos pero rivales por 90 minutos, sentados tras la lucha hablando de fútbol y de la vida. Álex vio de cerca, sin poder frenar, el golpeo de su hermano y la alegría de una celebración que no fue compartida.
. El brazo de Giménez
El partido del Atlético de Madrid había merecido una sentencia previa, pero en un arranque de orgullo final de la UD Almería, hubo dos acciones que provocaron su protesta. De repente apareció un centro colgado desde el costado, un defensa como Giménez sin visión en el salto, un brazo que ocupaba espacio despegado del cuerpo y el impacto con el balón que cambiaba la trayectoria e impedía el remate de un rival listo para marcar.
Todos los méritos de un equipo instalado en su mejor versión ofensiva, se pudieron ir por tierra en segundos. El colegiado no vio la mano pero la protesta de todos los jugadores del Almería era tan enérgica que dejaba claro que la acción debía pasar por el VAR. Lo que no sabían era que desde el videoarbitraje se vería lo que nadie esperaba. En el inicio de la jugada había una posición antirreglamentaria por pocos centímetros que anulaba la acción de penalti.
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. El beso de Williams
Corrió al contragolpe con la confianza del que estaba firmando un partido para enmarcar, encaró a Le Normand, salió hacia su pierna buena con el recorte y soltó un latigazo arriba ante el que nada pudo hacer Álex Remiro. San Mamés fue una explosión de alegría. Resonó el gol con la fuerza que expresaban en el fondo cada uno de los aficionados del Athletic Club, gritando con orgullo, alzando las bufandas, las banderas y los brazos al aire con la vista puesta en el goleador.
Iñaki Williams disfrutó de un momento tan especial arrodillado frente al fondo, abrumado ante la locura desatada, mirando a los aficionados felices por ver caer al eterno rival en su estadio. Todos sus compañeros le rodearon para felicitarle y cuando se pudo en pie, cogió el escudo del pecho de su camiseta, se lo llevó a los labios y lo besó mientras lanzaba al cielo de Bilbao el número uno en su mano izquierda.
. La carrera de El Yamiq
Robó en su campo, con criterio al corte en un ataque del Villarreal, y lanzó una carrera sin pensar en el marcador, en el que mandaba con un tanto tempranero el Real Valladolid. Su atrevimiento encontró el premio aliándose al descaro de un defensa en los metros finales.
Atacó el espacio, donde el Villarreal había dejado un hueco sin la presencia de su lateral, encontró el pase a su movimiento para correr desde el centro del campo con el balón, llegar a área rival y definir como un delantero. Recorte y disparo seco a la red. El tanto de la sentencia y un soplo de aire para un Valladolid que da un salto en la clasificación para alejarse cinco puntos del descenso.
. El enfado de Cavani
Ganador nato, a Edinson Cavani le está costando asimilar lo que le está tocando vivir en el Valencia. Su equipo perdía y su técnico, Rubén Baraja, decidió sacarle del campo a falta de más de 20 minutos para el final. No estaba siendo su mejor partido, inferior en el pulso con dos centrales duros del Sevilla, pero el delantero uruguayo sentía que podía aportar mucho más en el campo hasta que vio su dorsal en la planilla del cambio.
Desde el 18 de enero no marca para el Valencia. Desde el 31 de diciembre no lo hace Cavani en LaLiga. Una aportación pobre para lo que se esperaba de él. Por su experiencia, debía tener papel principal en partidos en los que se juega la temporada su equipo. Y lo sabe. Por eso digirió mal la decisión de su entrenador de no jugar con dos nueves puros cuando lo sustituyó por Hugo Duro. Visiblemente molesto apartó a un compañero de su camino y dijo de todo cuando entró al banquillo cruzándose con Baraja y su ayudante César Marchena. Tiempos duros en Mestalla y nervios a flor de piel.
