Aunque la final entre Uruguay e Italia se disputa a las 18.00 horas (21.00 GMT), después del Israel-Corea del Sur, que define el podio, desde cinco horas antes numerosos aficionados de la selección uruguaya se dieron cita en las inmediaciones del Estadio Único Diego Armando Maradona, de La Plata (provincia de Buenos Aires), para animar al conjunto de Marcelo Broli.
Banderas uruguayas, camisetas celestes, algunas enseñas de Nacional y Peñarol -los dos clubes más importantes del país suramericano- inundaban desde primera hora las calles de La Plata y fueron ocupando, a medida que pasó el tiempo, las gradas del coliseo platense.
Aficionados con carteles de Soriano, el departamento (provincia) desde el que viajaron; otros con el lema "Fuerza Uruguay" y otros recordando que "tres millones de esperanzas siempre suman", en alusión a la población de Uruguay, se veían ya en el transcurso del encuentro previo a la gran final.
"CUANDO JUEGA URUGUAY"
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Como en una voltereta del destino, la noche previa al encuentro se vivió un momento muy emotivo en Buenos Aires, ya que el cantante uruguayo Jaime Roos, una de las figuras más reconocidas de la música de ese país y destacado por la vinculación del fútbol con sus composiciones, actuó en el legendario Luna Park ocho años después de su última presentación en la capital argentina.
"Soy celeste, soy celeste, celeste soy yo". Esa cantinela fue entonada por miles de personas -muchos uruguayos residentes en la capital argentina y otros que habían aprovechado la circunstancia del fútbol para cruzar al país vecino- ante el silencio y la admiración del músico y su banda.
Frente a esa efusividad del público "compatriota", el músico recordó que Uruguay jugaba este domingo una final y pidió al "pueblo argentino" que deseara "suerte" a la Celeste. "Yo hinché por ustedes en el Mundial (absoluto), después de que nos eliminaron a nosotros, queda claro", bromeó Roos antes de arrancar uno de sus himnos más conocidos -y entonados frecuentemente por los amantes del fútbol-, "Cuando juega Uruguay".
"Cuando juega Uruguay / corren tres millones / corren las agujas / corre el corazón", relata la canción en un reflejo de lo que parece ser estos días el país suramericano, que vive la final del Mundial sub-20 de Argentina como si fuese la del absoluto de Qatar 2022, en el que la Celeste quedó apeada al término de la fase de grupos y que terminó con Argentina como campeona.
BANDERAZO
De los más de 50.000 asientos que tiene el Estadio Único Diego Armando Maradona, miles quedaron vacíos en el encuentro por el tercer puesto entre Israel y Corea del Sur, a la espera de numerosos aficionados uruguayos que, en lugar de llegar temprano a la cancha, optaron por animar a su equipo en la puerta del hotel donde se hospedaba.
En los aledaños del céntrico Hotel Grand Brizo -en el que llegó a alojarse Maradona cuando entrenó al Gimnasia y Esgrima de La Plata, en la última etapa de su vida-, cientos y cientos de seguidores ataviados con camisetas y bufandas celestes se congregaron para que el equipo de Marcelo Broli se sintiera como en casa una vez más.
Uruguay jugó como local el pasado jueves en la semifinal que ganó a Israel (1-0) y vuelve a hacerlo este domingo, con la presencia de las decenas de miles de aficionados del país suramericano, que viajaron por vía terrestre -por los diversos puentes que unen el oeste de Uruguay con Argentina- y marítima -en el ferry que cruza a diario el Río de la Plata-.
Todos sueñan con que ese "Soy celeste", el grito que inundó Argentina durante el fin de semana resuene con más fuerza que nunca al término de la tercera final de un Mundial sub-20 de su historia.
