En esta ocasión, la trascendencia era menor por el resultado. España ganaba 3-0 y restaban 10 minutos para el final. Había hecho dos paradas claves para evitar al reacción del rival nada más recibir los golpes de los goles. Su mayor dolor, cuando Majer le leyó el pensamiento y le robó la cartera, en una de esas acciones evitables con los pies de un portero por mucho estilo que tenga un equipo, fue por Rodri. El penalti cometido por su compañero debió de ser expulsión pero acabó en tarjeta amarilla que igualmente le condiciona en los próximos capítulos de la Eurocopa.
Unai se desquitó deteniendo un penalti más a Croacia y aliándose con la fortuna del VAR en la acción posterior a su rechace en el tanto anulado a Petkovic. "Se trata de ser solvente, eficaz y cometer el mínimo número de errores. Eso no significa que no vayas a cometer ninguno pero la fiabilidad es muy importante en nuestra posición", había dicho días tres días antes al estreno a EFE en una amplia entrevista donde confesaba sentirse en el momento de mayor madurez de su carrera.
De la misma manera que Unai Simón piensa que madurará hasta el último día de su carrera. Y situaciones como las vividas con la selección se convierten en lecciones que sacan su versión pública con coraza impenetrable aunque de puertas hacia dentro sea diferente.
"Si ese pase lo hubiese dado bueno estaríamos hablando de lo bien que sacamos la pelota jugada. Di otros veinte de la misma similitud al que me roba Majer, no hay que darle mucha importancia, hay que saber reducir los riesgos, ser prácticos pero también mirar en pro del equipo que necesita tener la pelota, jugar desde atrás", se defendió este lunes cuando fue preguntado por los periodistas.
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"El fútbol son este tipo de acciones que por medio metro acabe en un penalti o no. Me quedo que tenía que haber jugado de primeras ese balón a Robin, aprendo de los errores. De lo único que me habría arrepentido es de que hubiesen expulsado a Rodri en ese momento porque teníamos el partido resuelto y el portero tiene que ser fiable", confesó.
Pero no habrá acción que haga cambiar a Unai. En el recuerdo el tanto ante Croacia en la Eurocopa 2020, cuando pensó en exceso ante cesión innecesaria de Pedri que se envenenó con un bote. El balón le acabó golpeando en la espinilla y se metió en su portería sin tiempo para la reacción. Un fallo tan grosero que traía a la memoria nombres como los de Luis Miguel Arconada en la final de la Eurocopa 1984 ante Francia, Andoni Zubizarreta frente a Nigeria en el Mundial de Francia 1998 o José Francisco Molina en el debut de la Eurocopa 2000 ante Noruega.
Lejos de bajar la cabeza, Unai asienta aprendizaje, recordando además la figura de un técnico que cambió su manera de jugar con los pies. "Hasta que no coincidí con Luis Enrique nadie me explicó como funcionaba la salida de balón del portero. Fue una figura muy importante y le estoy muy agradecido porque hoy en día si se pueden apoyar en mí es gracias a él".
Por eso, pese al cabreo con el que Unai Simón entró al vestuario local del histórico Olímpico de Berlín, dos días después sus sensaciones son distintas y se queda con lo bueno. "Estoy contento porque ganamos 3-0, luego el trabajo individual uno comete errores y hace aciertos. La jugada del penalti te marca, la trato como una más, como la parada a Kovacic y Brozovic. Lo importante fue ganar así en la primera jornada".
