Sus 26,21 metros lo hacen el segundo más lejano de la competición, sólo superado por el derechazo del danés Morten Hjulmand frente a Inglaterra, en la segunda jornada del grupo C. Su disparo fue desde 28 metros, con una velocidad de 113,67 kilómetros por hora y un efecto de 1,55 rotaciones por segundo.
El tercero en ese sentido es el tanto del rumano Răzvan Marin frente a Ucrania (24,99 metros), mientras que el cuarto es el de Kerem Aktürkoğlu, aunque los 24,91 metros desde los que lanzó incluyen el matiz de que no había portero, una vez que Giorgio Mamardashvili, guardameta de Georgia, había subido al remate en la última jugada.
El gol de Arda Güler, a la vez, es el tercero más potente hasta ahora de la Eurocopa.
Lo superan dos: el gol del esloveno Erik Janža ante Dinamarca, en la primera jornada del grupo C, con un tiro de 128,76 kilómetros por hora, que además incluyó un efecto de 6,38 rotaciones por segundo, y el tanto del rumano Razvan Marin, que le imprimió al esférico una velocidad de 125,15 km/h para colarlo en las mallas de la portería defendida por el ucraniano Andriy Lunin.
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El disparo más fuerte del torneo, en cualquier caso, no terminó en gol. Fue del checo David Jurásek, en uno de sus lanzamientos contra Turquía, que alcanzó los 136 kilómetros por hora en el último partido del grupo F.
Todos estos datos fueron detectados por la tecnología ‘Connected Ball’ de Adidas implantada en el esférico del torneo, el ‘Fussballliebe’.
El balón, según informó la propia marca, también “puede medir el efecto del balón basándose en el número de rotaciones que realiza por segundo mientras está en movimiento”, determinando que, con 16 giros por segundo, el gol con más efecto hasta el momento es el de Kevin Csoboth contra Escocia, que valió la victoria para Hungría en el último minuto del duelo final del grupo A.
