Esta urbe de un millón de habitantes la parte en dos la llamada 'línea verde', una frontera que separa el lado israelí y el palestino, ocupado este último por Israel pero reivindicado como capital de un futuro Estado Palestino.
Aunque en teoría pasar esta línea supone únicamente cruzar un paso de cebra, para muchos de sus habitantes es una barrera casi física: como norma general, los judíos israelíes no pisan Jerusalén Este y los palestinos de esta zona de la ciudad solo van al Oeste de compras o a trabajar.
Este domingo, se celebraba una final que enfrentaba a las selecciones de dos países con gran sentido simbólico y político para los de un lado y del otro, una división que se dejaba ver en los bares que acogían a los aficionados a ambos lados de la 'línea verde'.
En los bares del Oeste una mezcla de israelíes -incluidos judíos ultraortodoxos con sus atuendos en blanco y negro- y argentinos residentes en el país y de visita, seguían la final frente a pantallas gigantes con un claro apoyo a Argentina.
Entre ellos Mía, una joven judía argentina de viaje por Israel, que resumía así la relación de los israelíes con su país: "Nos aman. Los israelíes nos aman. Se ve el apoyo bastante más de Argentina que de España. Yo no veo ninguna camiseta de España".
Allí también estaba Sebastián Tchechenitzky, guía turístico con 27 años viviendo en Israel que lideraba una visita de veinte de sus compatriotas. "Hay muchos admiradores del fútbol español, pero aún así, por la política, hoy día están apoyando más a Argentina que a España", resumía a EFE.
Y es que Argentina e Israel comparten lazos históricos, con 170.000 judíos residentes en el país sudamericano (la gran mayoría en Buenos Aires) fruto de los que allí emigraron huyendo de progromos y de la Segunda Guerra Mundial.
Israel acoge además una de las comunidades de la diáspora argentina más grandes del mundo: 100.000 residentes en un país de 10 millones de personas.
A nivel político, con los gobiernos de Benjamín Netanyahu y Javier Milei las relaciones bilaterales han alcanzado un nivel de cooperación sin precedentes. La final del Mundial no ha sido una excepción.
En los últimos días, Netanyahu ha dejado claro su apoyo a Argentina en la final: "¡Buena suerte!", le deseó a Milei en una llamada este sábado durante una reunión con el embajador argentino en Israel, donde chutó un balón y sostuvo una camiseta de la selección albiceleste.
"Los israelíes se sienten más atraídos por la selección argentina porque perciben que el Gobierno español es muy antiisraelí en sus posiciones y políticas, entonces el socio natural y estratégico en esta final es Argentina", resumía a EFE justo antes del partido Matías Sakal, argentino que lleva cuatro años en Israel.
En Jerusalén Este y la Ciudad Vieja, ocupados por Israel en 1967 pero con una población mayormente palestina, el escenario era distinto: los palestinos, mezclados con la escasa comunidad española en la ciudad, apoyaban de manera inequívoca al país europeo.
En la Puerta Nueva de la Ciudad Vieja, las terrazas estaban llenas de españoles y palestinos vestidos con la camiseta de La Roja y luciendo banderas rojigualdas.
Uno de los bares es de Simon Majluf, un palestino de Jerusalén Este que reconocía que la mayoría de lo que estaban en su terraza, llena hasta los topes, apoyaban a España. "Tanto los locales como los extranjeros, quieren que gane España", decía a EFE.
Un poco más al sur, ya fuera de la medina que acoge algunos de los lugares sagrados más importantes para el islam, el cristianismo y el judaísmo, en un bar frecuentado por europeos y palestinos, el apoyo a España también era claro.
Allí estaba un palestino de Jerusalén Este que prefería no dar su nombre, quien destacaba que "España ha apoyado la causa palestina mucho más que el resto de los países europeos, latinoamericanos o incluso árabes".
El apoyo palestino a España nace de décadas de movimientos sociales a favor de la causa palestina en este país europeo, pero sobre todo de la enérgica condena de su Gobierno a la ofensiva israelí en Gaza, que lo ha situado entre los ejecutivos más críticos con Israel a nivel mundial.
En el Oeste, dos jóvenes palestinos pasaban entre la muchedumbre de israelíes dejando caer en inglés que España ganaría la final.
"El lado oriental apoya a España porque España ha apoyado activamente a Palestina, mientras que Argentina ha respaldado a Israel y ha fomentado la hermandad entre ambos países", resumía uno de ellos, Fuad, que en septiembre empezará a estudiar en la ciudad española de Toledo
La final del Mundial se siguió en Jerusalén en un contexto de intercambio de fuego diario entre Estados Unidos e Irán, que este domingo llegó indirectamente a territorio israelí en forma de restos de un misil interceptado en la vecina Jordania.
Palestinos e israelíes hacían un esfuerzo para dejar de lado la amenaza de nuevos enfrentamientos con Irán, pero todos temían una vuelta a la guerra.
"Sin duda, lamentablemente sí", contestaba el argentino-israelí Sebastián sobre la posibilidad de una guerra.
"La gente en la calle está asustada a ver qué pasa después de que el Mundial acabe esta noche. (La guerra) podría ser esta semana, cualquier cosa podría pasar porque hay muchas señales que dicen que algo se acerca, desafortunadamente", coincidía Simon junto a su bar, minutos antes de que estallara en aplausos y abrazos para celebrar el segundo Mundial de La Roja.
