La previa de esta semifinal continental estuvo cargada de tensión tanto en los escritorios como en el césped. Vasco da Gama ganó en los tribunales el derecho a ejercer de local en el Maracaná, superando la firme oposición de Flamengo y Fluminense —habituales arrendatarios del recinto a través del Consorcio Fla-Flu—, cuyos futbolistas y dirigentes se quejaron del estado del campo y bloquearon judicialmente el uso del estadio hasta el fallo definitivo de la corte suprema de Brasil.
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Con São Januário descartado por no cumplir con el aforo mínimo de 30.000 espectadores para instancias semifinales y la opción del Nilton Santos de Botafogo dejada de lado, la dirigencia vasca apostó por la mística del Maracaná. Las entradas se agotaron rápidamente, disipando la amenaza latente de mudar el encuentro a Asunción si la pugna judicial se dilataba.
Ventaja cruzmaltina y el reto en cancha
Victorioso en la justicia, el conjunto carioca ahora debe ratificar su superioridad sobre el terreno de juego ante uno de los gigantes del continente. Vasco llega a este duelo de vuelta con la ventaja conseguida la semana pasada en Buenos Aires, donde se impuso por 1-0 gracias a una descomunal actuación del portero Léo Jardim y un gol decisivo de Adson.
Sin embargo, el panorama local añade presión: los cariocas cayeron por 1-0 ante el Sao Paulo el pasado fin de semana en el Brasileirao, ubicándose en la 15ª posición y a solo tres unidades de la zona de descenso. El técnico portugués Pedro Emanuel intentará plasmar su idea de juego frente a la adversidad: “Respetamos el pasado, pero queremos escribir nuestra historia en el presente”, declaró el estratega.
Para este compromiso, Pedro Emanuel no podrá contar con el colombiano Carlos Andrés Gómez, expulsado en La Bombonera, por lo que su compatriota Marino Hinestroza —quien sonó en su momento como refuerzo xeneize— perfila su ingreso en el once inicial. Además, el lateral derecho Paulo Henrique se mantiene como duda.
El sueño xeneize y la duda de Paredes
Del otro lado, la marea azul y oro copó las emblemáticas playas de Copacabana desde el lunes con cánticos y banderas en honor a Diego Armando Maradona, manteniendo viva la fe en dar vuelta la serie. “Boca es un equipo que puede darle vuelta a cualquier resultado”, expresó Matías Renero, aficionado xeneize de 36 años, reflejando el sentir de la delegación argentina que llegó a Río de Janeiro con un plantel de 33 futbolistas.
El equipo dirigido por Rodolfo Arruabarrena, que viene de vencer 2-1 a Talleres en el torneo local y busca asegurar su pase a octavos de su campeonato, mantiene en vilo a su afición por la posible reaparición del capitán y campeón mundial Leandro Paredes. El volante central viajó pese a arrastrar un desgarro en el muslo derecho que lo marginó de la ida.
“Está trabajando a la par del grupo. Los plazos no son los que en principio esperábamos. Está bien (...) y quiere estar, pero también hay un riesgo”, reconoció Arruabarrena en conferencia de prensa este lunes.
Un añejo antecedente y el horizonte de la final
El choque revive memorias de hace 75 años, cuando Vasco goleó 3-0 a Boca en un amistoso en este mismo escenario con mitos como Moacir Barbosa en el arco. No obstante, el presente manda.
El vencedor de esta llave se medirá en la gran final del próximo 21 de noviembre en Barranquilla, Colombia, ante el ganador de la serie entre Atlético Mineiro y Montevideo City Torque, llave que se definirá este miércoles en Uruguay tras el sólido triunfo por 3-0 del “Galo” en Belo Horizonte.