A los 25 años, Odermatt, que el año pasado ganó la general de la Copa del Mundo -en la que también ganó la Bola de Cristal de gigante- y el título olímpico -en la citada disciplina- cerró este domingo el círculo y se aferró al trono mundial en el deporte rey invernal, al ganar en la pista L'Eclipse de Courchevel, en la que relegó al segundo puesto, por medio segundo, al noruego Aleksander Aamodt Kilder, líder de la Copa del Mundo de descenso y que partía como teórico hombre a batir.
"No han sido, de nuevo, al igual un poco como en los Juegos Olímpicos. El cuarto puesto de hace tres días (en el supergigante) hace aún mucho más bonita la victoria de hoy", comentó la nueva estrella del deporte suizo, que logró no sólo su primer título mundial, sino su primer gran triunfo en un descenso: sus 19 victorias en la Copa del Mundo habían llegado en el gigante (11) y en el supergigante (8).
"Ha sido algo que, claramente, nunca antes había sentido. Durante la bajada de Alex (Kilde) temblé como nunca lo había hecho antes", comentó Odermatt, que hace cinco años había arrasado en los Mundiales júnior de Davos, en su país -ganó cinco medallas de oro- y que, tras la victoria de su compatriota Jasmine Flury en la prueba reina femenina, ha colocado a Suiza al frente del medallero de la cuadragésima séptima edición de los Mundiales de esquí alpino.
