Rusia es, de hecho, el segundo país más representado en el cuadro femenino del torneo, solo por detrás de Estados Unidos, que tiene a ocho representantes, y empatado a siete con la República Checa.
En la misma ciudad y en los mismos días en que rusas y bielorrusas juegan con normalidad, aunque sin las banderas de sus países, en la Caja Mágica, a apenas 8 km, en el Polideportivo de Gallur, se disputan los campeonatos de Europa de bádminton, que han vetado a los volantistas de esa procedencia pese a que estaban inicialmente clasificados.
La federación internacional de bádminton ha seguido la recomendación del COI de excluir de sus competiciones a rusos y bielorrusos mientras dure la invasión rusa de Ucrania -apoyada por Bielorrusia-, y también lo ha hecho la de tenis. Pero los circuitos profesionales ATP y WTA van a su aire.
La condición de potencia mundial del tenis femenino ruso ha propiciado que un 14 % de las jugadoras del torneo de Madrid sean de los dos países sujetos a sanciones deportivas. En principio eran seis, cuatro de ellas rusas, pero tres más superaron la fase previa que acabó este miércoles y se ganaron una plaza en el cuadro final de 64 jugadoras.
Entre ellas, la bielorrusa Aryna Sabalenka, defensora del título y segunda favorita tras la española Paula Badosa, y la rusa Anastasia Pavlyuchenkova, decimoquinta en el ránking mundial, son las mejor situadas para optar a la victoria.
La otra bielorrusa participante es Victoria Azarenka, 45 del mundo.
Las jugadoras rusas que estaban de entrada en el cuadro principal eran Daria Kasatkina (23), Veronika Kurdemetova (25) y Liudmila Samsonova (26).
Superaron la fase previa y accedieron a la lucha por el título Ekaterina Alexandrova (45), Varvara Gracheva (73) y Anastasia Potapova (78).
Disputan el torneo de Madrid tres jugadoras ucranianas: Anhelina Kalinina (37) por ránking, Marta Kostyuk (60) por invitación y Dayana Yastremska (92) tras superar la fase previa.
La federación internacional (ITF), los circuitos ATP y WTA y los cuatro Grand Slams decidieron el 1 de marzo suspender a los jugadores rusos y bielorrusos de las competiciones por equipos de la ITF y permitir su participación individual en los torneos, aunque sin su bandera.
Sin embargo, los organizadores de Wimbledon se sumaron al veto total el 20 de abril.
