El Instituto de Profesionales Paraguayos del Sector Eléctrico (IPPSE) plantea tres desafíos en el nuevo informe publicado.
El primero es superar el lapso crítico 2028-2030, para evitar el déficit en los años siguientes. El segundo es sostener los grandes requerimientos de generación que vendrán. El tercero es diversificar la matriz, para dejar de depender exclusivamente de la hidroelectricidad.
El Informe Técnico Nº 2/26 “Requerimientos de generación eléctrica para cubrir la demanda de potencia y el consumo de energía del Paraguay. Riesgo de crisis energética periodo 2026 – 2035, parte II”, es un estudio de tres partes. La Parte I, sobre las fuentes actuales, fue emitida el 29 de junio de 2026. La Parte III, que tratará los planes de expansión, aún no fue presentada.
En esta entrega, el IPPSE analiza qué nuevas fuentes podría sumar el país, con sus costos, plazos y las acciones pendientes para concretarlas.
El informe sostiene que las actuales fuentes hidroeléctricas llegarán a su límite de capacidad hacia 2030. A partir de ahí, la demanda seguiría creciendo sin respaldo suficiente.
Según el documento, los requerimientos del sistema en la década de 2030 rondarían entre 800 y 1.000 MW por año.
Qué llega a tiempo y qué no
Solo tres opciones tienen plazos compatibles con el problema, según el IPPSE: las centrales solares con bancos de baterías (3 a 4 años) y las interconexiones eléctricas con Brasil y con Argentina (4 a 5 años cada una).
Todo lo demás tarda más. Las hidroeléctricas binacionales requieren de 10 a 14 años, las termoeléctricas de 7 a 10 y las nucleares (SMR) de 12 a 15. Las hidroeléctricas de ríos interiores y la energía eólica quedan como fuentes complementarias.
El informe es especialmente crítico con la gestión. Afirma que la planificación del sector en Paraguay es “débil” en el corto, mediano y largo plazo, y que requiere una “urgente definición y estricto cumplimiento”. Recuerda que las prácticas internacionales exigen un horizonte mínimo de 20 años para obras de generación.
Fin de la energía “barata”
El IPPSE cierra con una advertencia sobre el costo. La necesaria diversificación implicará costos crecientes de la energía producida, de forma gradual y continua.
Eso, afirma, lleva al país a un cambio de paradigma. La actual disponibilidad de “energía limpia, abundante y barata” pasará a una de “energía suficiente, con costos y precios razonables”.
