El libro biográfico “Benjamín Aceval”, escrito por Scavone Yegros, se publicará el domingo 21 con el ejemplar de nuestro diario, como decimoprimer volumen de la serie bibliográfica que vienen publicando ABC Color y El Lector.
El doctor Benjamín Aceval (1845-1902) prestó grandes servicios a su patria. Fue magistrado judicial, diputado y ministro de Estado en varias ocasiones; representó al Paraguay en el arbitraje que le reconoció el mejor derecho sobre el territorio del Chaco disputado con Argentina; promovió la creación y dirigió por varios años el Colegio Nacional; participó en la redacción del Código de Procedimientos Judiciales de 1876; dictó la cátedra de Procedimientos en la Universidad de Asunción, e intervino como delegado paraguayo en el Congreso Sudamericano de Derecho Internacional Privado, que se efectuó en Montevideo en 1888 y 1889.
Cuando en mayo de 1900 declaró que ya era tiempo de que lo reemplazaran personas más idóneas e ilustradas, Aceval desempeñaba las funciones de senador y rector interino de la Universidad Nacional, seguía enseñando Procedimientos en la Facultad de Derecho y era hermano y consejero del presidente de la República, Emilio Aceval, además de uno de los candidatos señalados para ejercer la primera magistratura en el siguiente periodo constitucional.
En su intensa vida como servidor público, no solo ha pasado por los cargos que ocupó, sino que en todas partes dejó huellas de perseverancia y rectitud, que le redituaron prestigio y respeto, como se patentizaría pocas semanas después, cuando falleció, en julio de 1900.
Aceval fue, sobre todo, un hombre de derecho, que se sentía comprometido con el país, al que sirvió con el propósito declarado de asegurar la consolidación de las instituciones democráticas y el fortalecimiento de la ciudadanía mediante la educación y el respeto de los derechos y libertades individuales, en un tiempo en que parecía que todo estaba en ciernes; que se debía construir la patria nueva sobre los escombros de la patria vieja.
Pero la historia lo recordará, antes que nada, como el abogado que defendió el derecho del Paraguay al Chaco; como el representante de un país derrotado que preservó parte de su integridad territorial gracias al derecho. Pues, con el arbitraje en que intervino, la República del Paraguay, en palabras de Ramón J. Cárcano, recuperó en la paz lo que perdió en la guerra, y obtuvo ante un tribunal de justicia el único triunfo auténtico de la larga conflagración.
