Hasta la estación central del tren se convirtió en hospital

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Durante la Guerra de la Triple Alianza, en Asunción funcionaron varios hospitales de sangre. La Estación del Ferrocarril fue conocida entonces como Hospital del Estanco, y albergó a muchísimos combatientes heridos provenientes del frente de batalla.

Esto es narrado por Luis Verón en su libro “El servicio de Sanidad”, que aparecerá el domingo 27 con el ejemplar de nuestro diario.

Este será el octavo título de la Colección “A 150 años de la Guerra Grande”, de El Lector y ABC Color.

En su libro, Verón señala que otros locales habilitados como hospital fueron el Colegio Nacional, hoy desaparecido, ubicado sobre Eligio Ayala, entre Yegros e Iturbe, y el convento de La Merced, en la manzana ahora ocupada por el Hotel Guaraní y parte del Colegio Presidente Franco.

En Trinidad, en la Casa Baja, propiedad de Carlos Antonio López –hoy Museo de Ciencias Naturales– fue ubicado el Hospital de Caridad. La mansión de Venancio López, actual Asunción Palace Hotel, en Estrella y Colón, ofició también como centro asistencial y después se convirtió en hospital argentino tras la ocupación de Asunción.

La residencia particular de Francisco Solano López, edificio ubicado en Palma y Nuestra Señora de la Asunción, y el Club Nacional, en Palma entre Alberdi y Chile, también fueron destinados para la atención de heridos y enfermos.

Había igualmente un Hospital de Mujeres, costeado por el Estado, atendido por el cirujano Wenceslao Velilla y varios practicantes.

La atención médica se hacía con los pocos medios disponibles, los cuales eran cada vez más escasos según se prolongaba la guerra. Allí también eran internados y recibían atención muchas de las víctimas de las diversas pestes que acosaban a los combatientes.

En el frente de operaciones existieron hospitales en diversos puntos: Paso Pucú, Humaitá, además de otros pueblos y ciudades, como Concepción, Villarrica, Luque, Villeta, Cerro León, Encarnación, Piribebuy, de trágica historia cuando el Conde D’Eu ordenó su incendio con todos los heridos, enfermos, médicos y enfermeras dentro del recinto, en un crimen de lesa humanidad que nunca fue reclamado.

Durante el conflicto siguió funcionando el hospital de Humaitá, establecido algún tiempo antes del inicio de la guerra y de donde salieron la mayoría de los médicos y cirujanos que tan heroica actuación tuvieron en la atención de los heridos y enfermos. Este hospital atendía al cercano campamento de Paso de Patria, donde llegaron a revistar 12.000 hombres.

En varios pasajes de su libro, Luis Verón recuerda que mucho antes de la contienda, aún en la era del Dr. Francia, cuando se formó, la Sanidad Militar tenía a sus cirujanos, anestesistas, cortadores, suturadores, expertos en asepsia y encargados de la dieta, prácticamente todos formados y entrenados por Aimé Bonpland.

Tras la muerte de Francia, y para reforzar el sistema sanitario del país, Carlos Antonio López contrató en el exterior los servicios profesionales de muchos médicos extranjeros, químicos, clínicos, cirujanos, farmacéuticos.

Si bien vinieron connotados profesionales, su distribución en la época lopista fue diferente a lo impreso por el dictador Rodríguez de Francia, quien asignó a los profesionales médicos en distintos puntos del país. Bajo el gobierno de don Carlos, todo estuvo centralizado en Asunción.