Los comuneros, el proceso que conmocionó a Asunción

Este artículo tiene 13 años de antigüedad
Imagen sin descripción

El segundo libro de la Colección guerras y violencia política en el Paraguay presenta uno de los procesos políticos que conmocionó a la Asunción del siglo XVII. El título de la obra es bien explícito respecto al tema: “La primera revolución comunera 1649”, trabajo emprendido por el historiador Juan Bautista Rivarola Paoli especialmente para esta biblioteca exclusiva de ABC Color y la editorial El Lector. El precio es de solo 22.000 guaraníes.

Este volumen aparecerá el domingo próximo con el ejemplar de nuestro periódico.

En “La primera revolución comunera 1649”, el autor va analizando los diversos aspectos vinculados a esta disputa política que concluyó con la remoción del obispo Cárdenas, quien sería finalmente repuesto por la Audiencia de la Plata, pero ya viejo y cansado no regresó a Asunción, y murió en la actual Bolivia a la avanzada edad de 89 años.

El doctor Rivarola Paoli ha hurgado en varias fuentes para presentar del modo más sintético un proceso político que convulsionó en su tiempo a Asunción e implicó una profunda división entre los habitantes de la provincia de entonces, y que hasta el presente es analizado con gran apasionamiento, permitiendo las más diversas interpretaciones sobre el enfrentamiento entre los comuneros del obispo Cárdenas y los jesuitas.

De acuerdo con lo señalado por Rivarola Paoli, la primera revolución Comunera tiene su antecedente en 1544, cuando fue depuesto el adelantado Álvar Núñez Cabeza de Vaca. En ese deambular por episodios de la Colonia resaltan otras luchas no menos importantes, la mayoría por casi desconocidas o poco relevantes, pero unidas por un ideal que conmueve los cimientos y la formación de nuestra identidad nacional.

Las aspiraciones y desvelos de “el común”, el “mancebo de la tierra”, no eran otra cosa que las aspiraciones de libertad, de democracia representativa por medio del sufragio, en urnas improvisadas en cántaros de nuestra típica artesanía, para elegir libremente a sus gobernantes, mediante la Cédula Real de 1537.

Comparten esta lucha tres partidos bien definidos: los encomenderos, los comuneros y los hombres de la Compañía de Jesús. Su masa política serán los indígenas.

Los encomenderos, con sus privilegios desde la Conquista, no podían permitir el despojo de la mita, no podían descuidar ocasión en el camino de las usurpaciones de renovar los provechos, que a costa de la sangre, sudor y angustia de los indígenas habían mantenido.

Por su parte, los jesuitas, pertenecen a una organización diferente.