Los comuneros en la colección

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“La primera revolución comunera 1649”, de Juan Bautista Rivarola Paoli, es la segunda entrega de la colección “Guerras y violencia política en el Paraguay”, de ABC Color y la editorial El Lector. Narra la sangrienta lucha sostenida en el año mencionado por el gobernador del Paraguay, fray Bernardino de Cárdenas, y los jesuitas, en un contexto general marcado por el deseo de dominio sobre los indígenas.

Esta obra trata de ampliar el espacio de análisis hacia aspectos poco abordados en el estudio de la Primera Revolución Comunera, como ser: el mestizaje, las encomiendas y Reducciones; quiénes fueron los aprovechados y los descartados, la lucha por la mano de obra indígena –un tanto olvidada en este periodo–, así como en el entorno económico, el papel principalísimo que jugó la yerba en su comercialización y el enfrentamiento entre comerciantes y jesuitas. Se analizan además la falta de espacio físico de los provincianos y el sobredimensionamiento de la tierra de las Misiones, por la apropiación de tierras al norte del río Paraná.

En dicho entorno, un papel fundamental jugó el “hijo de la tierra”, o el “mancebo de la tierra”, hijo de españoles e indias.

Los nativos se consideraban natural y jurídicamente iguales a los españoles, en razón de su abolengo paterno. Al declarárselos súbditos del rey, se los colocaba al mismo nivel en virtud del vasallaje a una autoridad común.

En tanto, había llegado a América un poder formidable: la Compañía de Jesús, con toda su fuerza religiosa que iba a manifestarse política, social y económicamente; y factor que vino a absorber todas las manifestaciones de la vida colectiva. Solo el poder monárquico era superior al jesuítico, que pretendió asumir el papel de intermediario entre los nativos y la Corona.

Se contrapuso a esta nueva potencia la Revolución Comunera, que quería poner al pueblo en posesión de la soberanía a la que tenía derecho. Buscaba el arraigo de sus instituciones fundamentales, como el Cabildo, que constituía una cabal expresión de autonomía. Los jesuitas eligieron el camino de la sumisión al rey.

El Paraguay mantuvo el estandarte de la libertad contra las fuerzas del Imperio español, del Virreinato del Perú y de la Audiencia de Charcas, coaligados con la Compañía de Jesús. En 1633 los guaraníes de las misiones jesuíticas obtuvieron el privilegio de ser liberados de la encomienda, y pagaban su tributo directamente a la Real Hacienda, norma que sería recogida en la Recopilación de Indias, de 1680.