Aquella guerra civil había comenzado en agosto de 1904, en Villeta, y culminó con el denominado Pacto del Pilcomayo, en diciembre del mismo año, cuando el entonces presidente de la República, el coronel Juan Antonio Escurra, cedió el gobierno a los liberales. Asumió entonces como primer mandatario de transición el empresario Juan B. Gaona para iniciar el primer régimen del Partido Liberal en el Paraguay.
Aquella guerra civil determinó varias cosas llamativas, como por ejemplo el hecho de que el entonces vicepresidente de la República, doctor Manuel Domínguez, colorado de pura cepa, se pasara a la revolución y se presentara como voluntario al campamento de Villeta. Domínguez fue siempre considerado uno de los intelectuales más lúcidos que dio nuestro país y representante genuino de la alabada Generación del 900.
Pese a su decisión extrema, su partido, la Asociación Nacional Republicana, nunca le pidió cuentas de su actitud, pese al disgusto que eso ocasionó en el general Bernardino Caballero, quien nunca estuvo de acuerdo con la rendición de los colorados ni la entrega del poder a los liberales.
Aquella “revolución” tuvo un amplio apoyo popular por el cansancio ante el modelo del caudillismo colorado, que se hallaba agotado por sus constantes luchas intestinas. Incluso la prensa estuvo a favor de los revolucionarios. En ese sentido, hay que reconocer que aunque los gobiernos colorados fueron arbitrarios en muchas cosas, sin embargo permitieron la libertad de prensa. En aquel tiempo abundaban los periódicos que fustigaban al gobierno de Escurra.
La contienda se desarrolló en varias localidades del país, como Villa Hayes, Concepción, Limpio, Villarrica y los pueblos de las Misiones hasta caer el último bastión colorado, Encarnación.
