Los productores se dejan manosear por el Gobierno

La experiencia enseña que nuestro “sector privado” es bastante veleidoso en sus relaciones con el Estado. Suele defender la economía libre y atacar con dureza la corrupción o la pésima calidad del gasto público, sin que tal postura le impida instar a que se aumenten las erogaciones para dinamizar la economía, aunque ello implique un mayor déficit fiscal. Ocurre que, como en la Argentina, también aquí existe la “patria contratista”, de empresarios –especialmente del sector de la construcción– que medran en torno a las licitaciones públicas que convoca el Estado, y que muchos de ellos han conseguido ganarlas en condiciones harto dudosas. En consecuencia, tienden, por razones obvias, a reconciliarse con el poder político cuando creen que las circunstancias lo exigen. Es así cómo ahora ha desaparecido rápidamente el “profundo malestar” que expresaron los gremios relacionados con el sector productivo por el nombramiento de Rodolfo Friedmann como ministro de Agricultura y Ganadería. Olvidaron muy pronto su posición inicial de que los órganos del Estado no deben ser una “moneda de cambio” para solucionar un problema político.

La experiencia enseña que nuestro “sector privado” es bastante veleidoso en sus relaciones con el Estado. Suele defender la economía libre y atacar con dureza la corrupción o la pésima calidad del gasto público, sin que tal postura le impida instar a que se aumenten las erogaciones para dinamizar la economía, aunque ello implique un mayor déficit fiscal. Ocurre que, como en la Argentina, también aquí existe la “patria contratista”, de empresarios –especialmente del sector de la construcción– que medran en torno a las licitaciones públicas que convoca el Estado, y que muchos de ellos han conseguido ganarlas en condiciones harto dudosas. En consecuencia, tienden, por razones obvias, a reconciliarse con el poder político cuando creen que las circunstancias lo exigen. El cambio de rumbo puede ser súbito, como el que realizó el empresariado al apoyar con entusiasmo –siendo uno de los pocos sectores que lo hizo– la oprobiosa Acta Bilateral y retractarse luego de que el propio Poder Ejecutivo admitiera el “error”.

También puede ocurrir que el enfado dure muy poco y no necesariamente porque las “fuerzas vivas” ignoren el malestar. Es lo que acaban de demostrar los voceros de la Unión de Gremios de la Producción (UGP) y de uno de sus miembros, la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP), tras reunirse el último lunes con el presidente Mario Abdo Benítez. Solo tres días antes, la UGP había emitido un comunicado que trasmitió el “profundo malestar” de los productores por el nombramiento de Rodolfo Friedmann como ministro de Agricultura y Ganadería, en tanto que el vicepresidente de la CAP, Rubén Sanabria, afirmó que el sector se sentía “manipulado” porque una cartera tan importante había servido de “moneda de cambio” para la unidad colorada. El Ing. Hermes Aquino, también de la CAP, fue aún más rotundo al anunciar que no les iban a “usar como idiotas” y sostener que el flamante ministro “no tiene una pizca de honestidad, quebró su empresa familiar y dejó un tendal de perjuicios, que al final el país tuvo que subsidiar”. Y conste que el problema de la falta de preparación de Friedmann para el cargo, con ser sumamente grave, pasa a segundo plano frente a la utilización de un cargo tan relevante como prenda de paz para mantener un pacto político siniestro.

Y bien, el “profundo malestar” y el enojo por la “manipulación” desaparecieron tras la citada entrevista, según se desprende de los dichos del dirigente gremial Héctor Cristaldo, a quien parece no disgustarle ser usado como “idiota”: la designación sería un “capítulo cerrado” y Friedmann tendría que “ganar la confianza de la gente en función a trabajo, gestión y resultados”, aunque el Ing. Aquino lo haya tildado de deshonesto. Al parecer, estos empresarios no pensaron que el ministro a quien ahora apoyan puede “volar” otra vez del cargo si surgiera una nueva discrepancia entre los dirigentes de las dos principales facciones coloradas. Ese es el meollo de la cuestión. Friedmann aparece apenas como un “fusible” que puede quemarse en cualquier momento, según el interés de los políticos.

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En verdad, quienes fueron tratados como “idiotas” son los ciudadanos que creyeron en la sinceridad y en la coherencia de la UGP. Se rasgó las vestiduras, pero las remendó muy pronto, como si no hubiera pasado nada. Todo ministro debe ganarse la confianza de la población con su desempeño, pero cuando se nombra a un notorio inepto, con pésimos antecedentes en el sector privado y en el público, y además como compensación en una sucia componenda y ante un vulgar chantaje político, la decencia y el sentido común exigen condenar tamaño despropósito, mientras no sea corregido. El capítulo seguirá abierto, mal que le pese a la UGP, porque resulta intolerable que se manipulen las instituciones –primero el Senado y luego un Ministerio– en función de una miserable transacción politiquera.

¿Habrá que tomar en serio, en adelante, a la UGP y a los gremios que aglutina cuando vuelvan a indignarse ante alguna medida que, a su juicio, sea aberrante? Por otro lado, a quien sí habría que poner bajo la lupa es al senador con permiso, que recibió en su despacho, a cuatro días de haber asumido la cartera de la que no tiene idea, al presidente de la autodenominada Auténtica Coordinadora Agrícola del Paraguay, Arnaldo Sánchez, condenado a un año y medio de cárcel por sus malos manejos en la campaña algodonera 2006/7. El visitante expresó su esperanza en que Friedmann entregue los “recursos” a los productores, que en lo que resta del año equivaldrán a 60 millones de dólares. O sea que la gestión del nuevo ministro empezó con los mejores augurios, siendo de suponer que serán muchos los esperanzados en obtener de él tan sustanciosos “recursos”. Es que, como se dice, “el dinero hace bailar al mono”.

A juzgar por los anuncios previos realizados por voceros cercanos al cartismo, Mario Abdo Benítez aceptó una imposición de Horacio Cartes, y la UGP, tras un breve berrinche, aceptó una designación descabellada, que conlleva un grosero atropello a la institucionalidad republicana. Olvidó muy pronto su posición inicial de que los órganos del Estado no deben ser una “moneda de cambio”, sino instrumentos para el bienestar de la población rural.

Nuestro país necesita un gremialismo fuerte, firme en sus convicciones y con dirigentes honestos que no sean maleables por ventajas ocasionales. Los errores que cometa Friedmann no afectarán solo a los productores agropecuarios, sino también, por extensión, a todos los habitantes del país.

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