Jóvenes claman que las autoridades escuchen los reclamos del pueblo

Unos dos mil jóvenes que peregrinaron a la Basílica de Caacupé con motivo del final del Trienio de la Juventud al que convocó la Iglesia Católica lanzaron un amplio manifiesto en el que, como cristianos y paraguayos, denunciaron diversas lacras de la realidad nacional y transmitieron sus anhelos “con gran alegría y esperanza”. Es plausible que las nuevas generaciones se comprometan con la sociedad y que, pese a todo, no se resignen ante los infortunios colectivos. La mejor manera de superarlos no es con la indiferencia, sino con la participación ciudadana, siendo de especial relevancia la de quienes no tienen ataduras con el pasado. Los beneficiarios del actual estado de cosas en nuestro país querrán que los jóvenes se desentiendan de la vida pública para dejarles a ellos el campo libre y puedan seguir ensuciándose las manos. Con jóvenes como los que emitieron esta excelente declaración, tan dignos de ser imitados, la ciudadanía puede confiar en un mañana mejor para todos.

Unos dos mil jóvenes que peregrinaron a la Basílica de Caacupé con motivo del final del Trienio de la Juventud al que convocó la Iglesia Católica lanzaron un amplio manifiesto en el que, como cristianos y paraguayos, denunciaron diversas lacras de la realidad nacional y transmitieron sus anhelos “con gran alegría y esperanza”. Es plausible que las nuevas generaciones se comprometan con la sociedad y que, pese a todo, no se resignen ante los infortunios colectivos. La mejor manera de superarlos no es con la indiferencia, sino con la participación ciudadana, siendo de especial relevancia la de quienes no tienen ataduras con el pasado. Los beneficiarios del actual estado de cosas en nuestro país querrían que los jóvenes se desentiendan de la vida pública para dejarles a ellos el campo libre y puedan seguir ensuciándose las manos.

El manifiesto censura, justamente, la “actitud corrupta de muchos líderes políticos, que siguen traficando influencias” y solo buscan llenarse los bolsillos. Hace bien en recordarles que su compromiso es “servir a toda la ciudadanía”, pero como es probable que el mensaje sea desoído, conviene prepararse para expulsarlos mediante el voto y la participación de la gente, como la que se organiza para escrachar a los malhechores ubicados en el Presupuesto. Con toda razón, los jóvenes peregrinos critican la distribución de las funciones públicas “entre los amigos, colegas y partidarios”, así como la falta de transparencia en el aparato estatal. Los vicios del amiguismo y del clientelismo, a los que se puede sumar el del nepotismo, implican que el interés particular de los que mandan prima sobre el general de que los únicos e indispensables requisitos para ingresar en la función pública sean los méritos y las aptitudes demostrados. No huelga subrayar esta obviedad en un país donde sigue estimándose normal que los fondos públicos sirvan, sobre todo, para alimentar a los allegados. Por eso, es atinado que el documento pida que “se elijan personas formadas de acuerdo a los Ministerios y a las (...) funciones”, más aún atendiendo que la idoneidad no suele ser apreciada en los organismos del Estado. También es plausible que los jóvenes hayan cuestionado el secretismo, tan ligado al criterio de que la administración pública solo atañe a los burócratas y a los políticos.

El manifiesto juvenil advierte, asimismo, que los “poderes políticos y económicos” se habrían apropiado de la Justicia, convirtiéndola en un “instrumento corrupto”, usado en provecho de intereses particulares. Nada más cierto, tanto como la afirmación de que “no puede existir Justicia independiente si esta es títere de los más poderosos”. Es claro que no todos los habitantes tienen igual acceso a ella y que los peces gordos raramente caen en su redes.

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La “gran deforestación” muestra que las leyes ambientales no son aplicadas y que delitos como el “rollotráfico” son intolerables, advierten también, con lo que no se puede sino estar más de acuerdo. Lo mismo cabe decir del anhelo juvenil de que haya “políticas de desarrollo sustentable a favor del cuidado del ambiente”, según se desprende de la polución en las zonas urbanas y de la tala abusiva en las rurales. En cuanto a la salud pública, igualmente ligada al deterioro del ecosistema, el manifiesto lamenta, entre otras cosas, que niños mueran “por negligencia, falta de medicamentos o equipos”, y que “muchos hospitales se caen a pedazos”. En efecto, se trata de una penosa realidad, atribuible tanto a la corrupción como a la pésima calidad del gasto estatal, que destina el 76% de los ingresos tributarios a los bolsillos del funcionariado, en buena medida superfluo.

Los jóvenes reprueban el aborto y la “ideología de género”, pero también la violencia doméstica y, en particular, los “feminicidios”, tan reiterados en los últimos tiempos. El manifiesto apunta, en especial, al aumento de los asesinatos “en el norte, donde la gente vive en constante amenaza por parte de los grupos armados”, aludiendo sin duda a los narcotraficantes y a la banda EPP. De hecho, la “total zozobra” a la que se refieren afecta a todo el país, de modo que resulta pertinente que se exijan “medidas de seguridad pública que sean efectivas para todos los ciudadanos”.

Es atendible la demanda de “más políticas de generación de puestos de trabajo para la población juvenil”, pues el desempleo habría forzado a muchos compatriotas a emigrar. Esta importante cuestión mucho tiene que ver con que haya mano de obra capacitada, de modo que es saludable que el documento comentado pida “una verdadera educación, con base en principios y valores, buscando el desarrollo científico y tecnológico”. Alegra, en fin, que los miembros de la Pastoral de la Juventud del Paraguay insten a defender nuestro patrimonio, “como Itaipú y Yacyretá, exigiendo que se respeten los acuerdos (...) y que no se cometan más arbitrariedades”, así como que oren “por la paz en América Latina, para que los gobernantes tengan sabiduría y escuchen los reclamos justos de su pueblo”.

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Con jóvenes como los que emitieron esta excelente declaración, tan dignos de ser imitados, la ciudadanía puede confiar en un mañana mejor para todos.

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