Miguel Cuevas sigue recurriendo a escandalosas chicanas

El diputado Miguel Cuevas (ANR), imputado por los delitos de enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y declaración jurada falsa, se ha librado hasta hoy de la acusación gracias a sus reiteradas chicanas. Ahora planteó un incidente ¡fundado en hechos provocados por él mismo! Apenas fue desaforado, empezó a entorpecer la causa, llegando a interponer hasta ahora nada menos que doce chicanas. De profesión zapatero y devenido multimillonario en la función pública, Cuevas es la quintaesencia del arribismo. Es un trepador muy hábil, que sabe adaptarse a las circunstancias cambiantes. Fue “cartista”, y como su líder de entonces prefirió a otro correligionario como candidato a diputado, corrió a las carpas del abdismo. La ciudadanía puede estar segura de que este impresentable continuará recurriendo a las malas artes para que no se le aplique la ley penal, apuntando a la prescripción de la acción o la extinción del proceso mientras los magistrados no sancionen su inconducta procesal.

El juez Yoan Paul López rechazó el recurso de reposición, con apelación automática en caso de ser desestimada, planteado contra la providencia que había fijado para hoy la realización de la audiencia de imposición de medidas al diputado Miguel Cuevas (ANR), imputado el 31 de julio de 2019 por los delitos de enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y declaración jurada falsa, que habría cometido como gobernador de Paraguarí (2013-2018). Conste que un día antes, el juez había preopinado en el sentido contrario, recogiendo el argumento de la defensa de que este caradura aún no había prestado declaración indagatoria en sede fiscal y que, por tanto, se podía pedir la nulidad de la eventual prisión preventiva, solicitada por el Ministerio Público, alegando indefensión.

En verdad, esa declaración solo es imprescindible cuando sobre el encausado ya pesa una acusación, de la que hasta hoy se ha librado el indigno legislador gracias a sus reiteradas chicanas. Lo escandaloso del caso es que las dos artimañas anteriores las había planteado justamente para evitar exponer su versión de los hechos ante el agente fiscal Luis Piñánez, aduciendo primero que se habían generado “incidentes” en la Cámara Baja y después que su nuevo defensor –Carlos Villamayor– necesitaba tiempo para interiorizarse del expediente. Ya se creía estar curado de espanto ante la evidente mala fe procesal exhibida por una larga serie de políticos corruptos, pero es probable que ninguno haya llegado al colmo del exadministrador del Puerto Franco de Paranaguá (“Allí gané mucha plata”), exintendente de Sapucái, exgobernador de Paraguarí y actual diputado. ¡Planteó un incidente fundado en hechos provocados por él mismo! Por suerte, el juez se informó mejor de los antecedentes, pero este personaje de avería se salió con la suya, al fin y al cabo, ya que, aunque el Tribunal de Apelaciones confirme lo resuelto en primera instancia, habrá que fijar, como es obvio, una nueva fecha para la audiencia preliminar. Así va ganando tiempo.

De profesión zapatero y devenido multimillonario en la función pública, Cuevas es la quintaesencia del arribismo. Es un trepador muy hábil, que sabe adaptarse a las circunstancias cambiantes, tanto en beneficio propio como en el de su esposa Nancy Florentín y en el de su hijo Enzo, hoy imputados, respectivamente, por los hechos punibles de cobro indebido de honorarios y uso de certificado de méritos y servicios de contenido falso, así como de complicidad en el enriquecimiento ilícito. Fue “cartista”, y como su líder de otrora prefirió a otro correligionario como candidato a diputado, corrió a las carpas del abdismo, donde sus servicios habrían sido decisivos para el triunfo en los comicios internos de la ANR realizados en el departamento de Paraguarí. Fue retribuido con la Presidencia de la Cámara Baja, aunque nunca antes haya formado parte de un órgano colegiado. En el marco del más crudo prebendarismo, allí cometió barbaridades presupuestarias, especialmente en favor de su numerosa clientela paraguariense. Se lo vio muy orondo en el Palacio de López cuando el presidente de la República, Mario Abdo Benítez, cantó la palinodia con respecto a la nefasta Acta Bilateral y luego le demostró su respaldo ante un posible juicio político, luciendo en su escaño una gran calcomanía: “Yo apoyo a Marito. Paraguay se mueve!”. Le faltó agregar aquello de “caiga quien caiga”, acaso por sentirse aludido. Mayor abyección, imposible.

Apenas desaforado, empezó a entorpecer la causa, llegando a interponer hasta ahora nada menos que doce chicanas, incluida la última. Quiso jugar en cancha propia, es decir, ser juzgado en su departamento, pero, felizmente, el Tribunal de Apelaciones dejó sin efecto lo resuelto en tal sentido por el entonces juez Miguel Tadeo Fernández y dispuso que el caso sea tramitado en la capital. Sigue trabando las actuaciones, confiado en la indulgencia de la judicatura con quienes hacen uso y abuso del derecho a la defensa, contra lo dispuesto en el Código Procesal Penal y en el Reglamento del Sistema Disciplinario del Poder Judicial. Vale la pena subrayar que el Código obliga a los jueces velar por la buena fe en el litigio, que les permite sancionar con hasta cien días de multa los casos graves o reiterados de mala fe o temeridad procesal y que tilda de “falta profesional” grave las recusaciones claramente infundadas o reiterativas. En cuanto al Reglamento, califica de “falta grave” el hecho de que el magistrado no ejerza sus facultades disciplinarias y la castiga con hasta treinta jornales mínimos o la suspensión, sin goce de sueldo. Pero estas claras disposiciones son letra muerta.

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No le faltan motivos a Cuevas para confiar en que los ardides de su defensa queden impunes, atendiendo los antecedentes en la materia. La única excepción sigue siendo la multa de 4.217.000 guaraníes impuesta por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, conformada por los ministros Manuel Ramírez, Carolina Llanes y el camarista Gustavo Santander, al abogado Felipe Duarte, defensor de la “niñera de oro” Gabriela Quintana, por el ejercicio abusivo del derecho. Como es notorio, la defensa del diputado de marras ha venido incurriendo en la misma desfachatez, sin consecuencia alguna.

Y bien, la ciudadanía puede estar segura de que este impresentable continuará recurriendo a las malas artes para que no se le aplique la ley penal, apuntando a la prescripción de la acción o la extinción del proceso mientras los magistrados no sancionen su inconducta procesal. De su mala fe se desprende que se sabe culpable, aunque haya tenido la osadía de afirmar, en su momento, que deseaba su desafuero porque “el que nada debe, nada teme”. Hoy ya existen suficientes elementos de convicción para sostener que mucho teme porque mucho debe.

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