Faltando más de un año para las próximas elecciones municipales, nada menos que tres diputados colorados ya expresan su interés en proponer su candidatura a la Intendencia de la Municipalidad de Asunción. Ellos son Cinthia Tarragó, Dany Durand y Óscar Tuma, ejemplares de la nueva hornada; las “jóvenes promesas”; la “renovación” de su partido.
Hicieron su campaña electoral para legisladores bajo la promesa general de ir a servir a su país, a sus electores y a su partido, trabajando en la Cámara de Diputados durante el período constitucional de cinco años. Sin embargo, he aquí que, transcurridos solamente cuatro meses de asumir como diputados, ya se están proclamando precandidatos y anunciando que van a abandonar su función para postularse a otro cargo electivo.
Tiene razón el presidente Horacio Cartes al quejarse de ellos, recordándoles que dieron su palabra al partido y al electorado comprometiéndose a ser diputados, para, al poco tiempo, tirar al tacho sus promesas y prepararse para comenzar a lanzar otras nuevas. Tiene toda la razón porque lo que estos políticos están cometiendo es una burla política a su electorado y a su partido.
En el lenguaje común se llama “estafador” al que obtiene un provecho engañando, aprovechándose de la buena fe o la ignorancia de otras personas, o de su situación personal de superioridad respecto a los estafados. En este sentido, todo político que gane una elección prometiendo desempeñarse en un cargo para, después de obtenerlo, pedir permiso en este para postularse a otro que le parece mejor, comete, claramente, un grave acto de engaño a sus electores. Se le puede llamar, con justicia, un estafador político.
Para peor, esta clase de candidatos no corre ningún riesgo, pues si pierden en las internas de su partido tranquilamente retornan a sus bancas. Es una timba mafiosa al cien por ciento de posibilidades de ganancias. Es una verdadera y completa defraudación a la confianza y buena fe del electorado, además de desestabilizar la balanza de la equidad respecto a sus adversarios políticos, quienes deben competir contra ellos con la desventaja de no tener un cargo público desde donde ejercer presiones y obtener recursos o donde refugiarse en caso de derrota.
Por otra parte, es curioso que estos tres personajes se sientan de pronto tan animados para emprender una nueva aventura electoral cuando que todavía ni siquiera calentaron sus bancas. Al menos dos de ellos no tuvieron todavía la ocasión de demostrar a la ciudadanía para qué se hicieron votar para la Cámara de Diputados. Al contrario, en vez de tratar de sumar puntos, de hacer buen trabajo y ganar imagen de credibilidad, lo que han logrado fue precisamente lo contrario.
En efecto, parece un chiste que una de las nuevas “esperanzas” del coloradismo, el flamante diputado Dany Durand, se haya inaugurado con una declaración pública de un cinismo fuera de serie, comentando el tema de la corrupción electoral diciendo: “Todos compramos (votos), hay gente que compra mayor cantidad; sería ilusorio decir que no”.
Otra “perla” de la nueva hornada es el diputado Óscar Tuma (h), quien gracias a la amistad de su padre con el finado general Lino Oviedo ganó un escaño por el Partido Unace, y luego tranquilamente se pasó, con banca y todo, a la ANR, para hacerse reelegir con las banderas de esta. Recientemente, en ocasión de que el periodista Carlos Peralta le cuestionara haber nombrado a su cuñada en un cargo público sin cumplir previamente con el concurso de méritos, el “honorable” legislador le respondió al periodista: “Si no te gusta, te jodés”, con una arrogancia y prepotencia dignas de la época dictatorial, pero muy descalificadoras por parte de un legislador de la época democrática.
Posiblemente, para estos políticos de cuarta estas barbaridades no son más que anécdotas, gajes del oficio; hasta es posible que entre ellos las festejen con risotadas, pullas y comentarios chistosos. Para la ciudadanía que repudia el cinismo tan rampante que ellos exhiben, sin embargo, son fotografías que los muestran tal cual son, con el ínfimo nivel cultural y la catadura moral que realmente tienen, que, por supuesto, es la que ocultan muy bien en sus campañas electorales.
Queda por ver si llevan adelante sus pretensiones de abandonar sus bancas de legisladores y lanzarse alegremente a otra campaña electoral, que será, obviamente, tan mentirosa como la primera. Queda por ver si su partido les permitirá tanto abuso descarado. Y, finalmente, quedará por constatar si en esta época de la libre competencia democrática al electorado colorado le importa o no le importa que en su nombre se adopte esta clase de inconductas y vuelve a dar su voto a gente como esta, que demuestra de un modo tan desfachatado que no le interesan un pepino sus promesas ni sus compromisos, ni su partido, ni su país.