Los registros revelan, asimismo, por primera vez, cómo las autoridades chinas consideran como sospechosos a ciudadanos por acciones como utilizar la popular red social Zapya, que permite compartir contenidos sin conexión a internet.
La investigación confirma los planes operativos de China sobre los centros de internamiento en Xinjiang y los mecanismos de su sistema de vigilancia a la población de esta provincia.
En los documentos se hace hincapié en la importancia de que los guardianes eviten fugas de los “estudiantes” y para ello establece el uso de puestos de control, patrullas, vigilancia con cámaras y alarmas.
Además, desvela un sistema de control, con el que se evalúa a los prisioneros en base a su “transformación ideológica, estudio y entrenamiento, y cumplimiento con la disciplina”.
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El especialista de las minorías étnicas chinas de la Universidad La Trobe, en Australia, James Leibold, resalta que esos documentos confirman, “en propias palabras” del Partido Comunista en el poder, “la naturaleza calculada, coercitiva y extrajudicial de esas detenciones”.
“Destruyen la propaganda del Partido de que se trata de inocentes centros de formación profesional donde los uigures y otros musulmanes chinos siguen libremente un periodo de formación”, declaró.