Turquía recibe el mayor golpe hasta ahora en su presencia en Siria

ESTAMBUL (AFP). El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se encontraba ayer entre la espada y la pared en Siria tras la muerte de 33 soldados turcos en la provincia de Idlib, donde le será difícil lograr una situación favorable frente al régimen sirio protegido por Rusia.

El jueves murieron al menos 33 militares turcos en ataques del régimen de Damasco, protegido de Moscú. En una serie de intensos bombardeos de represalia, las fuerzas de Ankara mataron a su vez este viernes a 31 combatientes sirios.

Turquía puede haber lanzado sangrientas represalias contra las fuerzas del régimen de Bashar al Asad, pero se arriesga a perder mucho si se enreda en una escalada a largo plazo, al carecer de un apoyo occidental decidido.

Para tratar de obtener más apoyo de la Unión Europea frente a Rusia, potente aliado del régimen sirio, Erdogan jugó de nuevo la carta de los refugiados.

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Turquía anunció que ya no detendrá a los migrantes que buscan ir a Europa desde Turquía, enarbolando el espectro de la grave crisis migratoria de 2015.

“Turquía no tiene ni los medios militares, ni los recursos humanos para continuar la escalada en curso en Idlib”, considera Jana Jabbour, experta de Turquía en la escuela Sciences Po de París.

Además del aspecto militar, Erdogan debe, según el análisis, tener en cuenta a la opinión pública en Turquía, “que puede irse contra él si el número de soldados turcos muertos en Siria aumenta”.

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“La amenaza de abrir las fronteras de Europa a los migrantes es un medio muy eficaz para presionar a la UE, pues el flujo adicional de refugiados es una pesadilla”, agrega Janna Jabbour.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y su homólogo ruso, Vladimir Putin (que apoya al gobierno sirio) conversaron por teléfono para intentar evitar que la situación salga de control en esa región.

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