El día de un trabajador en España consiste en “empezar a las nueve de la mañana, acabar a las dos para comer hasta las cuatro o las cinco” y volver al trabajo por la tarde tras “un parón para la comida muy largo” , explica Nuria Chinchilla, directora del Centro Internacional Trabajo y Familia de la IESE Business School de Madrid.
Esto te hace “acabar hacia las ocho: nadie te espera en casa hasta las nueve” de la noche, agrega.
Esta forma de cortar la jornada en dos se remonta a los años de la posguerra civil, cuando muchos españoles tenían un empleo por la mañana y otro por la tarde.
Es resultado es nefasto, “menos calidad de vida” con poco tiempo para la familia, “más siniestralidad” laboral y “cada vez más fracaso escolar” ya que los niños se van a dormir muy tarde, explica la economista.
Hay que volver a “horarios racionales” con “la regla de los tres ochos: ocho horas para trabajar, ocho horas para descansar, ocho horas para actividades diversas” , defiende Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, cuyo informe envió el parlamento al Gobierno.
Su propuesta consiste en cambiar la hora para alinearse con portugueses y británicos. Pese a estar geográficamente situada en el huso de estos dos países, España tiene la hora de Europa Central desde que en 1942 el régimen franquista se alineó con la Alemania nazi.