Esto generó pánico en la población durante algunas horas, hasta que se reportó que no había toxicidad fuera del radio de 600 m de evacuación que fijaron las autoridades. Además del olor, los habitantes tuvieron irritación en ojos, garganta y fosas nasales.
La investigación sobre el origen del estallido comenzó con las pericias que se realizaban en el lugar al tiempo que los equipos de emergencia de la Prefectura Naval y Defensa Civil de la Ciudad enfriaban aún al mediodía el container, que fue aislado con espuma para evitar que continuaran las emanaciones. Hubo reparto de barbijos por parte de la Prefectura Nacional y al mediodía aún había personas caminando con ellos por el centro de la capital.
La Agencia de Protección Ambiental tomó muestras para analizarlas y establecer las sustancias que fueron emitidas.
