El primer ministro indio, Narendra Modi, habló de un “ataque terrorista cobarde y despreciable” que “será vengado”.
Mientras el ministro del Interior, Rajnath Singh, que debió cancelar un viaje a Estados Unidos y Rusia, denunció la responsabilidad detrás del ataque “de Pakistán, que es un Estado terrorista y que como tal debería ser identificado y condenado”.
Los primeros indicios de la investigación conducen a que el comando agresor responde al movimiento Jaish-e-Mohammed, con base en Pakistán, que realizó la acción antes del amanecer tras infiltrarse a través de la Línea de Control (Loc), que funciona como límite entre ambas naciones en la región de Cachemira. Ambos países son enemigos desde su independencia, en 1947, y la región del ataque es una de las principales zonas de tensión entre ellos, por sus respectivos reclamos territoriales sobre ella.
El ataque, destacó la prensa local, vuelve aún más difícil la situación de Cachemira, donde desde el 8 de julio se producen constantes disturbios y enfrentamientos, que causaron más de 80 muertos y 15.000 heridos, tras la muerte, por fuerzas indias, de un joven comandante separatista del movimiento Hizbul Mujaheddi.
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Fuentes militares informaron que por estos días la base militar de Uri estaba superpoblada porque estaba en curso una rotación de personal, y que por ello muchos soldados, a punto de partir, tuvieron que acomodarse en tiendas de campaña.
Precisamente a esta zona apuntaron los milicianos que lanzaron, según fuentes indias, una veintena de artefactos incendiarios.