Titular de la CEP pide un diálogo social para impedir dolor y luto

Mons. Adalberto Martínez expresó que el Paraguay es el país más desigual del mundo por la inequidad social. Sugirió que haya diálogo para evitar luto, lo cual ocurre en otros países de la región.

La misa de ayer fue dedicada a los militares y policías. Muchos de ellos asistieron a la eucaristía presidida por Mons. Martínez.
La misa de ayer fue dedicada a los militares y policías. Muchos de ellos asistieron a la eucaristía presidida por Mons. Martínez.

CAACUPÉ, Cordillera (Desiré Cabrera, de nuestra redacción regional). Para el obispo de la Diócesis de Villarrica y administrador apostólico de las Fuerzas Armadas de la Nación y de la Policía Nacional, Adalberto Martínez, quien también es presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), “hay un grave peligro en el país por el descontento social, que puede derivar en situaciones de convulsión y violencia como las que se han visto en varios países de la región, con saldos de dolor y luto”.

Agregó que “si no se atienden adecuadamente las demandas de la sociedad con políticas públicas eficaces, orientadas al logro del bien común que permitan reducir la brecha de la inequidad social estructural que vive el país, se profundizará la falta de confianza de la ciudadanía en las instituciones de la República, con el grave peligro de favorecer el descontento social, que finalmente puede derivar en las situaciones mencionadas”.

En ese sentido, exhortó a los representantes de los tres poderes del Estado, a los líderes de los partidos y movimientos políticos, a los representantes de los sectores económicos y a los de los sectores sociales y asociaciones de la sociedad civil, además de a los de la Iglesia, a propiciar un diálogo social serio y responsable para buscar consensos que permitan trabajar por el bien común. “Este acercamiento y una mayor empatía posibilitarán adoptar decisiones inteligentes que favorecerán la paz social”, manifestó.

Mons. Martínez, parafraseando al papa Francisco, dijo que “si hay exclusión e inequidad en la sociedad, se debilitan las bases de cualquier sistema político y social por más sólidas que parezcan. Cuando la sociedad abandona en la periferia a una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Sin igualdad de oportunidades, la violencia encontrará un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión”.

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Refirió que la tarea de las fuerzas públicas de seguridad solo será eficaz en la medida en que la población sea atendida en sus necesidades básicas para gozar de una vida digna y plena.

“Sin embargo, las estadísticas del Paraguay dicen que el 10 por ciento de la población concentra el 40 por ciento de las riquezas que se generan en el país, en tanto que el 40 por ciento más pobre accede solo al 10 por ciento de la riqueza; mientras tanto, el otro 50 por ciento recibe muy poco y nada del resto”, especificó. Casi 1.700.000 paraguayos viven en estado de pobreza (no pueden cubrir sus necesidades básicas para una vida digna), y que afecta principalmente a niños, mujeres y ancianos de los sectores rurales, así como a indígenas. La pobreza extrema o indigencia ha crecido en el último año. Aproximadamente 350.000 compatriotas pasan hambre. “Esto debería ser un escándalo en un país que produce millones de toneladas de alimentos para la exportación con un elevado costo social y ambiental”, sentenció el obispo.

Mons. Martínez también se refirió a los altos niveles de vulnerabilidad social en el país por el déficit de cobertura y calidad en servicios públicos esenciales, como salud y educación. Un evento inesperado, como una enfermedad crónica y compleja (cáncer, enfermedades renales o pandemia como el dengue) hunde a las familias, indicó.

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