La falta de oportunidad laboral la obligó a viajar al lejano país dejando una pequeña hija al cuidado de sus padres. Durante su estadía en el extranjero fue diagnosticada con cáncer y hace apenas un par de meses fue sometida a una cirugía, con éxito.
Tras una mejoría decidió emprender un largo viaje y reencontrarse con Milene, su hija, ya casi una adolescente, quien ansiosa junto a su abuelo Bernardo Velazco aguardaban impacientes y emocionados a Rossana. Mientras desembarcaban los pasajeros, don Bernardo se acercó amablemente al guardia del lugar y pidió permiso para esperar a su hija en la zona de embarques, ya que la misma no podía levantar cargas debido a la cirugía. El custodio accedió al pedido.