Chacarita: la cuna de votos que permanece en el olvido

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A escasas cuadras de la majestuosa sede del Poder Legislativo, existe un barrio habitado por asuncenos y pobladores de varias localidades del interior de la república denominado Ricardo Brugada, más conocido como Chacarita. Surcado por las angostas calles Florencio Villamayor y Comuneros, la populosa zona alberga a aproximadamente 20.000 ciudadanos que viven, en su mayoría, sumidos en la más extrema pobreza.

Habitar en la Chacarita es un desafío. Si bien los pobladores antiguos cuentan con servicios básicos, es una gran cantidad de habitantes la que sobrevive sin energía eléctrica ni agua potable, dos beneficios que constantemente forman parte del “compromiso” de los políticos, candidatos a diversos puestos, que visitan el barrio el época de campaña.

Debido a la estrechez de las calles, los camiones encargados de la recolección de basura no llegan hasta la Chacarita. Los pobladores deben recurrir al trabajo de los recolectores informales de la zona que, por una tarifa prácticamente irrisoria, transportan grandes bolsas de desperdicios que posteriormente son separados por estos trabajadores.

Como en varios sectores de la ciudad de Asunción, en la Chacarita no existe sistema de desagüe pluvial ni cloacal. Los caños que salen de las casas van directamente a las veredas mientras que las aguas residuales recorren canales que están a la intemperie y son peligrosos para los niños que juegan en las calles, por falta de espacio en sus viviendas.

Son pocas las voces de vecinos que hablan de la inseguridad, ya que muchos no quieren abordar el problema por temor a represalias. El flagelo de la drogadicción crece al mismo ritmo que los robos.

Las promesas concretas de épocas electorales se redujeron a rumores que son reavivados en forma temporal y posteriormente se vuelven a esfumar ante la ausencia de las autoridades. La reubicación, la tarifa social del servicio de agua potable y energía eléctrica, forman parte de una especie de mito para los pobladores que hacen lo que pueden en condiciones muy precarias.

Al ver a tantos niños jugar en las calles es fácil suponer que todos los días son domingo en la Chacarita. Si bien existen instituciones educativas como Elisa Alicia Lynch y los colegios del microcentro como Presidente Franco y Asunción Escalada, la bolita, las figuritas, el ojavéa, el tuka’ê y otros juegos son las únicas opciones que les quedan a los chicos que, por diversos motivos, no acceden al sistema de enseñanza nacional.

Fotos: David Quiroga y Raúl González