Conciencia social

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A medida que el tiempo va cercándome, tomo consciencia de lo bueno que es estar en paz con uno mismo. El tiempo, se sabe, transcurre dentro de nosotros. Igual al mar, que sin amo, va a donde quiere ir; el tiempo, siempre inquieto, llega a todas partes y toca un..., dos..., tres..., las puertas de las casas. En seguida, entra y toma asiento -para toda la vida- en cualquier silla o sofá, desmejorando no solamente el mobiliario, que puede ser o no decoroso, sino además el rostro de la mucama, los cachetes del perro, el semblante de la señora atareada en sus manías cotidianas y el cutis de las flores del jardín.