El libro de Galfione va por la 4ta edición. El secreto de su éxito es un material de texto y fotográfico editado en Sudamérica. En sus páginas pueden hallarse diversos temas relacionados con saber recibir en casa, aplicado también a empresas o lugares alternativos: los modales en la mesa, la forma de ubicar los cubiertos, el servicio y la elección de los platos y las bebidas. En sus casi 300 páginas, se aconseja sobre los encuentros más formales hasta un asado. En Asunción, “El arte de recibir en casa” puede encontrarse en Market Place. Rose Galfione es uruguaya, Lic. en RR.PP., cocinera profesional y sommelier. Tiene 20 años de experiencia como maestra anfitriona. Vivió en Argentina y fue columnista de importantes revistas gastronómicas como la Joy y Cuisine & Vins. También en Buenos Aires, condujo un programa televisivo junto al chef Ennio Carota. Actualmente reside en Montevideo, donde tiene una sección en la revista Lavender.
Talento festivo
Rose viene de una familia numerosa, 6 hermanos y unos padres que recibían siempre. “A los 10 años yo ya organizaba cosas en mi casa; los mozos se sorprendían de cómo a mi corta edad les decía qué mantel poner, dónde iban los cubiertos. No sé cómo aprendí, seguramente de metida”, rememora con una sonrisa.
–¿El buen anfitrión nace o se hace?
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–Un poco se lleva en la sangre, pero yo he aprendido un montón de cosas, no solo en las carreras que hice sino en la vida misma.
–¿Cómo sugiere hacer la lectura de su libro?
–Hay gente que me dijo que lo leyó todo en una noche, pero después lo usan como material de consulta. Eso es lo bueno, no es un libro que tiene principio y fin, sino que se puede ir de atrás para adelante. Es dinámico. No tiene que ver con protocolo ni ceremonial, más con etiqueta pero fuera de los formalismos.
–¿Es un material femenino?
–Es para todos. El hombre cuando gusta recibir es muy quisquilloso y hasta presta más atención a los detalles.
–¿Cuán importante es el espacio en una reunión?
–Depende del lugar y del grupo de gente. Si son pocos, no hace falta porque se mantiene la intimidad, pero si el grupo es numeroso, sí. Soy amiga de los espacios despejados, de sacar muebles y objetos porque molestan.
–Una incomodidad frecuente del huésped es dónde dejar el vaso que se usó.
–Cuando se tiene gente dando vueltas por la casa, hay que prever mesas de apoyo, que incluso puede ser la mesa baja del living. Lo que no se puede hacer es dejar platos y vasos sucios en la mesa de buffet presentada, eso suele pasar y es espantoso. A veces es difícil contar con el sentido común de la gente.
–¿Hay que llevar un regalo al anfitrión?
–Si se festeja un aniversario sí, o si no podés, llevar una atención. Si es algo protocolar no se lleva nada en las manos, sino antes o después. En una reunión de poca gente, yo recibo y puedo abrir el regalo, pero si tengo 50 personas, no, porque me voy a distraer y voy a descuidar a los invitados.
–¿El que recibe, disfruta de la fiesta?
–Una regla dice que el buen anfitrión se preocupa de la felicidad del invitado todo el tiempo que este permanezca bajo su techo, y eso es un trabajo. La única manera de disfrutar es si uno se organiza. Se vive un poco de estrés porque uno quiere que todo salga perfecto, quizás se disfruta menos, pero es el precio que se paga por ser anfitrión.
–¿Existe “el alma de la fiesta”?
–Un buen anfitrión es el alma de la fiesta. Al anfitrión bien puesto, de presencia y personalidad, nadie le roba el protagonismo.
–¿Cuál es la regla inalterable para saber recibir?
–Ser generoso, la mezquindad arruina todo.
–¿Qué nos dice que una fiesta es un éxito?
–Hay dos buenos referentes: si la gente no se va temprano, si no se aísla.
–¿Qué opina sobre el celular, las selfies y el posteo?
–Eso es una tentación hasta en el Cirque del Soleil. ¿Alguien puede perderse ese espectáculo? Sí, hay. No pasa porque tu fiesta esté buena o no, sino por un mal hábito. La gente no vive ese momento que es suyo, ¿por qué lo tenés que compartir al instante públicamente?
–¿Cómo se soluciona una pelea, un mal momento?
–Me ha pasado. Por ejemplo, una vez dos personas discutieron fuertemente sobre política. Lo salvé con un: “¡¡¡Bueno, llegaron los quesos!!!”. Si el ambiente se pone caldeado, no está mal pedir que se calmen, pero no hay peor cosa que el dueño de casa te pida compostura. Un buen anfitrión es como un director de orquesta.
–¿Qué le pareció el público paraguayo?
–Se siente la energía, hay un boom por aprender gastronomía, vinos, saber recibir. Lo veo con muchas ganas de aprender pero a la vez con un gran vacío de fuentes, generalmente la información es muy protocolar, nada accesible.
–¿Qué aprendizaje nos deja el saber recibir a otros?
–Creo que aprendemos a disfrutar y celebrar la vida, que en este tiempo tan vertiginoso casi no hacemos. Si te sentás a comer con tus hijos, poné algo lindo, una flor, una velita, hoy día hay tantas cosas no costosas que te cambian el espíritu de una mesa.
–¿Se considera una maestra creativa?
–Sí, porque hay que tener creatividad para dar info rápida, corta y fácil. Yo te hago un fino arreglo de mesa con lo más simple. La gente no tiene tiempo de pensar en detalles, por eso cuando le resolvés la situación, queda encantada.
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