Servicios saturados del IPS atentan contra la recuperación de pacientes

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Los médicos del Instituto de Previsión Social indican a los asegurados estudios o tratamientos que son proveídos por la institución, pero para los cuales la espera puede llegar a durar meses. La ineficacia del sistema atenta contra la salud de los asegurados, muchos de los cuales no tienen la opción de solventar los estudios en el sector privado, por su alto costo.

Rogelio es el nombre ficticio de un asegurado del IPS, a quien su médico le indicó un ecocardiograma urgente debido a una afección cardíaca. Grande fue su sorpresa cuando le dijeron que hay turnos solo a partir de marzo. “Para cuando llegue la fecha del estudio tal vez ya esté muerto”, indicó.

Su caso no es la excepción. Una asegurada que sufrió una fractura en el pie cuenta que luego de soportar más de dos meses con una pierna escayolada y seguir un riguroso tratamiento, el traumatólogo le indicó someterse a 10 sesiones de fisioterapia.

Allá fue, en uno de estos ardientes día de enero, a marcar turno para cumplir con las sesiones prescritas. Sin embargo, tuvo que escuchar como respuesta en la Clínica Boquerón que solo el 30 de enero se habilitaría la solicitud de turnos, con la sugerencia de que fuera al Hospital Central a “probar suerte”. En el hospital le contestaron que solo había turno para marzo y le sugirieron buscar turnos en las clínicas periféricas. Así las cosas, decidió sacrificarse y pagar sesiones privadas, a un costo de G. 50.000 por vez.

Los servicios saturados del Hospital Central son un camino fácil a un mayor deterioro de la salud, y por qué no la muerte, ya que es casi imposible cumplir con las indicaciones que los propios médicos dan.

Esto vale tanto para los estudios como para los medicamentos, que muchas veces son indicados, pero no existen en stock.

Al Hospital Central del IPS acuden miles de pacientes por día, cada uno con distintas afecciones, unos más graves que otros. La masa de asegurados hoy supera los 1.100.000. De ellos menos de la mitad son aportantes; el resto son familiares dependientes.

Todos los servicios están colapsados actualmente, por ser temporada de vacaciones, una época en la que se combinan la falta de profesionales y la alta demanda de trabajadores y estudiantes que aprovechan sus días libres para ponerse al día con sus cuestiones de salud.

El nosocomio recibe miles de pacientes con intenciones de someterse a chequeos médicos, y que se encuentran con que ya no se consiguen turnos en casi ninguno de los estudios de imágenes, ni en las diversas especialidades.

La descentralización de la que hablan las autoridades de la previsional tampoco funciona. Todas las clínicas periféricas están saturadas y los casos en los que se requieren cirugías complejas van a parar al Hospital Central.

Un estudio de resonancia magnética se agenda recién a partir de marzo. En caso de que sea urgente, se deriva al Instituto Codas Thompson o a Iribas, que cobran al ente la suma de G. 550.000 sin contrastes y G. 630.000 con contraste. Pero no todos acceden a los institutos privados, pues para lograrlo es necesario tener los contactos adecuados o cumplir con infinitos trámites.

Por causa de la burocracia y la mala organización, los pacientes se arriesgan a agravar su situación, o a no seguir tratamientos eficientes. La medicina preventiva es utópica en estas condiciones en que realizarse un chequeo de rutina requiere de paciencia y disponibilidad de tiempo infinitos.

Si el asegurado no tiene recursos económicos para poder complementar su tratamiento y someterse a estudios que el IPS no le puede ofrecer, lo más probable es que antes que cura, se le ofrezca el camino más fácil y rápido a la muerte o a la complicación de su cuadro.

El Hospital Central cuenta con un experimentado plantel de médicos y cirujanos que realizan complejas cirugías y salvan vidas. Sin embargo, trabajan a merced de demandas por la falta de insumos, medicamentos y equipamientos para los procedimientos más graves.