Solamente administradores

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Una tentación de nunca terminar es el apego y ansiedad con los bienes materiales. El ser humano quiere sentirse “dueño” indiscutible de las cosas y juzga que ellas son posesiones que siempre estarán a su disposición en todos los momentos y formas de vida.

Sin embargo, la realidad es otra, ya que somos solamente administradores temporales de los bienes, aunque uno los haya ganado honestamente con el sudor de su frente.

El Evangelio nos enseña algo importante sobre este asunto eternamente vidrioso, y Jesús insiste en que debemos acumular nuestro tesoro en el cielo, donde los ladrones no llevan, la polilla no daña y tampoco las inestabilidades sociopolíticas le atacan.

Así, nos da una orientación decisiva, aunque no fácil de practicar: es necesario dar más limosna, pero lo entendamos no solo como regalar dos mil’i, a veces, sino una actitud de solidaridad y compromiso constante con la gente más vulnerable. Es un compromiso transformador y debe tocar las estructuras de la sociedad.

Asimismo, Él cuenta una parábola afirmando: “¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo!”

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Con esto sostiene que todos tenemos bienes para administrar, unos más, otros menos, pero nadie es dueño intocable, sino que somos simplemente administradores, y debemos usar las cosas con un sentido de generosidad y de compartir: este es el significado de “distribuir la ración de trigo”.

Dios pone en nuestras manos varios recursos para que generemos vida y alegría con ellos, comportándonos como buenos administradores, y jamás como malignos acaparadores.

Y asegura que más tarde o más temprano vamos a rendir cuentas de nuestra gestión, que las cosas no terminarán en oparei, pues quien ha sido cuidador solícito y responsable va a recibir de regalo los tesoros que nunca terminan. No obstante, aquel que se pone a derrochar, a explotar a los demás, a robar del Estado y hacer tráfico de elementos prohibidos recibirá merecido castigo.

Como no es algo automático tener equilibrio delante del dinero, debemos cultivar nuestra vida espiritual y la amistad con Dios, para que Él nos ilumine y fortalezca, nos muestre que no necesitamos tantas cosas como solemos juzgar y, además, que sepamos compartir con un corazón desapegado.

Finalmente, hoy celebramos Santa Clara de Asís, saludamos a todas las hermanas Clarisas del mundo y pedimos que se rece más por las vocaciones a la vida contemplativa.

Paz y bien.

hnojoemar@gmail.com