Poco más de una década después de consagrarse como el “financista del planeta” tras la crisis económica de 2008 y que lastara al mundo –en especial a Occidente– reaparece la República Popular de China (comunista) en la escena como parte del problema global y en breve como salvadora del planeta.
Europa y Estados Unidos caían a pedazos, sin que al “tigre” asiático se le movieron un pelo.
Allá por el 2010, los autores de “La Silenciosa Conquista China” –Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo– describían al gigante asiático como una “pérfida dictadura” que pasó a ser “la redentora de la economía mundial”.
El nuevo coronavirus nació en la provincia china de Wuhan y desde allí no ha parado hasta llegar a las zonas más remotas del planeta, destrozando a su paso la economía global.
Doce años después, todo parece un déjà vu, pero con el valor agregado de miles de muertes, más un millón de enfermos y el plus de que en estos momentos la disputa por adquirir insumos médicos en cantidades incuantificables lleva incluso a otras potencias a negociar con la manufacturera del mundo: China.
Sí, China. La del extraño modelo autoritario. La que no respeta los derechos humanos y la que se presentará próximamente como la financista del mundo.
Pocos países cuentan con la capacidad económica y al menos 1.000 millones de mano de obra barata para producir todo el “arsenal” sanitario que requieren más de 100 naciones para enfrentar al covid-19.
La disputa feroz por hallar la vacuna contra esa enfermedad, va a la par también de la pugna entre las potencias occidentales por retener y/o adquirir respiradores e insumos de protección que solo China es capaz de producir a borbotones.
El ministro de Salud de Brasil, Luiz H. Mandetta, declaró que “China es la principal productora y el mundo se acostumbró a comprarle máscaras que costaban centavos y ahora están costando más de un dólar”.
Francia acusó a la República gobernada por el buró del Partido Comunista (PC) de querer aprovechar la situación para consolidar su expansión, posicionarse como la superpotencia y destronar del liderazgo mundial a EE.UU., moviendo a todos sus peones geopolíticos.
Un funcionario francés denunció que estadounidenses aparecieron en un puerto de China y se llevaron cargamentos de tapabocas que debían enviarse a París.
España contrató la compra de insumos sanitarios también al Gobierno de Pekín.
Aunque la batalla apenas empieza, China se perfila como la gran ganadora. Instaló el problema, consolidará su expansión y su economía; y seguirá a rajatabla lo proyectado para su “Nueva Ruta de la Seda”.