Itaipú y Yacyretá: ñuhã karapã

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Ñuhã karapã quiere decir trampa, lazo o emboscada torcida (Antonio Ortiz Mayans, Diccionario). En campos del norte de Concepción me enseñaron, cuando era un joven de 14 años, que con una rama flexible de guayabo, un piolín largo atado a la punta, extendido en el suelo como un lazo oculto entre los yuyos y el pasto, podía atrapar aves atraídas por algún alimento que se ubicaba estratégicamente. Al bajar el ave en busca del imaginado manjar quedaba prisionero.

Así también, por lo visto, en los Tratados que celebran naciones, unas ricas y otras pobres, se ocultan trampas. Como ellas, se instalan ocultas entre cláusulas muy jurídicas, y sirven para atrapar al más incauto, a la vista y aroma de algún manjar que el más pobre apetece en demasía.

Obviamente, entre los representantes de las naciones hay algunos ingenuos, otros astutos y otros demasiado astutos. Nuestros vecinos y hermanos, argentinos y brasileños, conocen muy bien al Paraguay y a los paraguayos.

Nunca podré olvidar que mi padre contaba que siendo presidente de una delegación nacional en un congreso que tuvo lugar en la capital de una nación amiga, se veía obligado a recordar a los más jóvenes que tuvieran cuidado al saludar a los extranjeros y que no se agachen más de lo estrictamente necesario, porque cuando cualquiera de ellos se agachaba al pasar la mano, era el Paraguay y no el joven delegado quien rendía reverencia que pudiera ultrapasar los límites de lo discreto y cortés. Así, es importante recordar las enseñanzas recibidas en tiempos idos, pues el Paraguay no debe tolerar ni las trampas instaladas por juristas extranjeros astutos, ni las consecuencias de las exageradas reverencias de nuestros representantes.

Dicho lo cual, viene a cuento recordar que estamos en vísperas de aceptar el convite para danzar con los hermanos argentinos en el tema Yacyretá. ¿Dónde está el ñuhã karapã de los Tratados? En la desviación de su objeto y fin explícitamente enunciado como la división en partes iguales de la energía proveniente del aprovechamiento de las aguas del Paraná.

¿Cómo se producía tal desviación? Mediante la cláusula de contexto que autorizaba la compra y la venta de la parte de uno de ellos al otro cuando no pudiera consumirla en su territorio.

Al favor de esta cláusula hemos perdido cifras astronómicas, hoy susceptibles de ser calculadas porque los hermanos y vecinos, para asegurar su ventaja, se apoderaron y retuvieron la administración del flujo de caja resultante y, lo que es más grave, establecieron empresas en cada una de las naciones que se encargan de “comprar” a Itaipú la energía a precios que el Paraguay no puede controlar, que los hermanos venden a sus respectivos mercados a precios que tampoco podemos controlar, porque otras cláusulas de los Tratados desvían la competencia de sus leyes mediante cláusulas muy fácilmente identificables cuando “queremos” ver, pero que son invisibles para los que no “quieren” ver.

El tamaño de los respectivos mercados y su capacidad de compra son determinantes de una inclinación de la mesa internacional que permite que las fichas, y el dinero, se derramen por simple gravedad hacia sus cajas bien guardadas.

Si se hubiera respetado el fin y el objeto o propósito de los Tratados ambas naciones hermanas y sus astutos abogados, debieron consignar cláusulas que aseguren al Paraguay su parte, su 50%, pero todo se redactó para que creamos que nos “compran” nuestra energía en buena ley. Esto era muy fácil, muy factible, y las cláusulas para ello muy simples, sin necesidad de obligarse a financiar al Paraguay obras indispensables para consumir la energía. Bastaba con autorizarnos a venderla a terceros países. Así, después de 40 años pretenden imponernos una deuda fabulosa, un porvenir miserable, a cambio de la alegría de algunos privilegiados que se consideran invisibles al ojo del pueblo. Y lo que es más grave, quiere nuestra hermana República Argentina construir otras obras en el Paraná para producir más energía con nuestros recursos naturales. Nuestra otra hermana, el Brasil no tiene impedimento, si el Paraguay acepta. Ellos, entre sí, tienen cables, tendidos eléctricos y sistemas para acoplar sus necesidades y seguir vendiendo la energía a sus precios sin que el Paraguay moleste, porque hay siempre paraguayos dispuestos a seguir el camino de los Tratados para no tener problemas. Cansa oficiar de malo en las escenas públicas. Mejor es alzar la copa de champagne francés, ingerir un canapé de caviar y ¡salud!

(*) Abogado