La aguerrida raza guaraní

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SALAMANCA. “Somos descendientes de la aguerrida raza guaraní” o, si se quiere, se puede cambiar el adjetivo “aguerrida” por otros como “valiente”, “valerosa”, “audaz”, “brava”, “heroica” o cualquier otro que se encuentre en algún diccionario de sinónimos. Sea cual sea el que hayamos elegido, no pasará de ser una frase hecha, carente de significado, una mentira que nos contamos a nosotros y a los venidos de afuera, buscando a través de esa patraña una identidad que hace tiempo hemos enterrado.

El acoso permanente que sufren las comunidades indígenas de nuestro país, el desinterés del Estado y las continuas postergaciones de la justicia no hacen sino confirmar lo que he repetido en numerosas oportunidades anteriores: la verdadera persecución a los indígenas en nuestro país, en Argentina, Bolivia, parte de Brasil y Uruguay no fue con la llegada de los conquistadores españoles y portugueses, sino con el advenimiento de la República (o el imperio, en el caso del Brasil).

Acaba de fallecer en el Brasil el obispo emérito de Goiás, Tomás Balduino, a los 91 años de edad, que fue una de las cabezas visibles de la Teología de la Liberación y un defensor vehemente de las comunidades indígenas de su país, amenazadas por las grandes empresas agropecuarias que invadían las tierras destinadas a las comunidades nativas que de este modo eran expulsadas de lugares que les correspondían legalmente.

Por su posición de resistencia a la dictadura militar que ensangrentó el Brasil, monseñor Balduino fue amenazado de muerte en numerosas oportunidades al igual que su colega, el obispo de Mato Grosso, el español Père Casaldàliga, poeta notable, el mismo que escribió poemas como “Tu mitra: será un sombrero de paja sertanejos; / el sol y la luna; / el pisar de los pobres con quien caminas / y el pisar glorioso de Cristo, el Señor”.

El profesor español de teología Juan José Tamayo, de la Universidad Carlos III, refiriéndose a monseñor Balduino escribió: “Hizo realidad el Concilio Vaticano II que definió como ‘un acontecimiento mayor en la historia de la Iglesia’ y que, a su juicio, forma parte de la Iglesia universal. Pero, al mismo tiempo, reconocía que sin la Iglesia Latinoamericana el Vaticano II no hubiera pasado de ser un relámpago fugaz, se hubiera apagado o habría sido aplastado por la institución romana”.

El fallecimiento de monseñor Balduino puede servir para recordarnos una de sus preocupaciones: la defensa de las parcialidades indígenas que en este momento viven las mismas penurias que sus hermanos del Brasil, ya que con frecuencia son las propias autoridades las que especulan con las tierras que les pertenecen, vendiéndolas a empresas poderosas que las ocupan expulsándolos de sus territorios. Actualmente está en los tribunales el caso de Rubén Darío Quesnel, exdirector del INDI que significa, por si alguien no lo sabe, Instituto Nacional del Indígena, acusado de vender, en el Chaco, tierras que pertenecían a una parcialidad de nativos.

También está el caso de los maká que reafirman sus derechos sobre la isla Laefiyuket, que en su lengua significa “La belleza del sauce”, cuya posesión también pretende una empresa agrícola, Cargill, que si bien ha negado su presencia en dicho conflicto, algunos testigos presenciaron cómo una lancha que llevaba impreso el nombre de la firma, llegaba hasta el lugar y prendía fuego a algunas construcciones. Existe un Decreto-Ley de 1944 por el cual el Estado paraguayo se comprometía (así, en tiempo pasado, pues parece no comprometerse más) a la protección y defensa de los maká que históricamente han ocupado dicha isla por lo menos desde 1930. Por su ubicación, últimamente ha adquirido un gran valor comercial.

No es difícil entender, entonces, que aquello de la “raza” y sus ejemplares atributos de valor, coraje, y cualquier adjetivo que pueda adecuarse al caso, no pasan de ser una dolorosa mentira.

jesus.ruiznestosa@gmail.com