La voluntad del cielo

SALAMANCA. Seis años de cárcel y veinte de inhabilitación para ejercer su profesión es la condena, confirmada en segunda instancia por un tribunal de Teherán contra el cineasta Jafar Panahi (Mianah, Irán, 1960), uno de esos realizadores que nos devuelven la confianza en que el cine nunca ha dejado de ser un vehículo de expresión y de comunicación entre un grupo de artistas y un numeroso público desperdigado a lo ancho y largo del mundo.   

En Asunción vimos dos obras maestras de Panahi: "El globo blanco" (1995) y "El círculo" (2000) en sesiones especiales, es cierto, pero abiertas a todo el público. En todas las ocasiones fue a sala llena. Dos películas sin violencia, sin sexo, sin crímenes, sin guerras, sin muertes violentas –me dirán "¿Entonces qué queda?"– que giran en torno a la inocencia de una niña que se va enfrentando con el mundo adulto que no le resulta agresivo y, con frecuencia, solidario con su problema. Sí, el cine también es eso: la intimidad del ser humano, el pequeño gesto que denota un grado de sensibilidad, un momento de tristeza, de alegría…   

También es el caso del trato que reciben las mujeres en la República Islámica de Irán. La cámara sigue a una mujer que acaba de salir de la cárcel, no puede regresar a su casa pues su estadía en la prisión la ha deshonrado, no puede caminar sola por la calle de noche porque es acusada de prostitución; en pocas palabras: la mujer se ve reducida a un ser vivo con tantos derechos como un animal de carga.   

Hombres vestidos de civil, pero pertenecientes al régimen iraní, entraron violentamente a su casa y fue arrestado el 1 de marzo de 2010. También fueron arrestados todos los que se encontraban en su casa: su esposa, su hija, y técnicos de cine que estaban allí reunidos. El cargo que pesaba contra él: apoyar al candidato a la presidencia por la oposición, Mir Hossein Moussavi, y de estar rodando un film documental sobre las protestas que sacudían el país y que culminaron con los sangrientos desórdenes del pasado mes de junio durante las elecciones en las que triunfó una vez más Mahmud Ahmadineyad con un nivel desvergonzado de fraude, imposible de disimular. 

Debido a las condiciones inhumanas que se daban en la prisión de Evin, en mayo se declaró en huelga de hambre. Una declaración suya fue publicada por los más importantes periódicos de todo el mundo. En su parte central, Panahi denunciaba: "El sábado 15 de mayo de 2010, los guardias de la prisión entraron de repente en nuestra celda, la número 56, y nos sacaron a mí y a mis compañeros, nos hicieron desnudarnos y nos tuvieron en el frío durante una hora y media. El domingo por la mañana me llevaron a la sala de interrogatorios y me acusaron de haber filmado el interior de mi celda, lo que es completamente falso. Entonces, me amenazaron con encarcelar a toda mi familia en Evin y maltratar a mi hija en una prisión poco segura de la ciudad de Rejayi Shahr". Después de referirse a su huelga de hambre especificó sus exigencias: "1. Tener la posibilidad de contactar y ver a mi familia, así como tener la completa seguridad de que están a salvo. 2. El derecho a tener y comunicarme con un abogado, pues ya he pasado 77 días en prisión. 3. La libertad incondicional hasta mi juicio y el veredicto final".   

Bajo la enorme presión internacional, fue puesto en libertad condicional con una fianza de 2.000 millones de riales (equivalente entonces a unos 900 millones de guaraníes). Un tribunal le condenó a seis años de cárcel y 20 años de inhabilitación de trabajar en cine. Apelada la sentencia, otro tribunal de Teherán acaba de confirmarla y su abogada dijo que apenas reciba la confirmación de la misma, apelará ante el Tribunal Supremo.   

El delito que se le imputa es "actuar contra la seguridad nacional y hacer propaganda contra el régimen". Pero la justicia, en el régimen teocrático de Irán está en manos del ayatolah Alí Jamenei, quien es el encargado de consultar directamente con Alá qué debe hacer con un cineasta que no comulga con los principios del Gobierno. Para "felicidad" de todos los paraguayos, este es el país que pronto nos enviará a sus técnicos para asesorarnos.
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