Podemos perder para siempre el río Pilcomayo

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El segundo desvío del Pilcomayo fue algo imposible de creer, para nosotros los paraguayos. La Argentina, en 1991, abrió con retroexcavadoras un canal de desvío de la corriente hacia el interior de la provincia de Formosa. Vino la creciente y allá se fue el río. Simultáneamente, el presidente de la República Argentina vino en una de sus visitas habituales al Paraguay y nuestro Presidente declaró públicamente, ante él, que el desvío del río se debió a causas naturales. Así perdimos esa corriente fronteriza. Probablemente este sea el único caso, en el mundo, en que un país regala un río al país vecino. Pero todo esto ya es historia, así que no lloremos sobre la leche derramada.

La posición de Bolivia ante este hecho fue simple. “Esto (el desvío) ocurrió lejos de nuestras fronteras, no es problema nuestro y no nos perjudica en nada”. Punto aparte. ¿Qué podíamos hacer nosotros. Nada. Argentina se quedó con todo el río por unos diez años.

Transcurrió el tiempo y la ciudad boliviana de Villamontes un buen día despierta ante una novedad inusitada: la industria pesquera estaba desapareciendo porque el Pilcomayo no tenía la abundancia de peces que habitualmente poblaban este río. ¿Qué pasó? Lo impensable. Antes de que el río fuera desviado, sus aguas ingresaban al territorio paraguayo, formaban el Estero Patiño de donde nacían algo así como diez o doce riachos (Delta Continental del Pilcomayo) que desembocaban en el río Paraguay.

En época de desove los peces del río Paraguay ingresaban por estos riachos para desovar en el Estero Patiño. Allí nacían los alevines que luego se transformaban en una variedad y cantidad increíble de peces que remontaban la corriente del río para llegar a Bolivia. Estos peces eran la base de una poderosa industria pesquera que alimentaba, además, a numerosos grupos indígenas. Todo esto ya no existe. Se acabó.

Ahora Bolivia, a una decena de años del desvío, se queja a la Argentina por la pérdida experimentada.

Adicionalmente, por la suspensión del Paraguay como socio pleno del Mercosur, se reúnen Argentina y Bolivia, sin invitar al Paraguay, para tratar el tema del Pilcomayo. Craso error. Argentina y Bolivia, solos, no pueden resolver el problema que aqueja a esta corriente. La solución, si es que existe alguna, está en territorio paraguayo. Pero, es absolutamente inimaginable que la Argentina, dueña hoy del 50 % del agua del río, permita el reingreso total de ellas al Paraguay para reactivar el Estero Patiño y el Delta continental del Pilcomayo para que vuelvan los peces y la situación favorezca a Bolivia. Esto es simplemente imposible. Alguien ya lo dijo: “Entre países no hay amistad. Solo hay intereses”. En consecuencia, nunca más Bolivia va a tener industria pesquera en Villamontes porque esa increíble cantidad de peces que poblaban el Pilcomayo nunca más existirá.

Ahora, lo grave de esta situación para el Paraguay es la apertura, por la Argentina, de un nuevo canal.

Esto es el comienzo de una guerra de canales. Con algunas crecientes más, el canal se volverá a colmatar por la astronómica cantidad de sedimentos que traen las aguas. Con ello nuestro vecino y “hermano” abrirá otro canal, aguas arriba del río porque abrir un canal nuevo es más rápido y más barato que limpiar un canal colmatado. Es decir, cada dos o tres crecientes irá abriendo canales nuevos, aguas arriba, hasta llegar a la frontera boliviana. Y allí está el problema. El río pasaría directamente de Bolivia al territorio argentino.

En síntesis, si permitimos que nuestro vecino del sur siga abriendo canales cada vez que uno se colmata, a la larga y con absoluta seguridad, perderíamos definitivamente el río.

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