Frans de Waal nació en los Países Bajos en 1948. En 1973 se doctoró en Biología en la Universidad de Groninga y prosiguió sus estudios en la Universidad de Utrecht. En la actualidad es profesor de Psicología Social de los Primates en la Universidad de Emory (Atlanta, Estados Unidos) y director del Centro de Vida Asociada, adscrito al Centro Nacional de Primates de Atlanta. De Waal es miembro de la Academia Americana de Ciencias y está considerado uno de los más eminentes primatólogos contemporáneos. Es autor de numerosos libros, tales como “El mono que llevamos dentro”, “La política de los chimpancés” y “El bonobo y los diez mandamientos”. En 2007, la revista “Time” lo incluyó en la lista de las cien personalidades más influyentes del mundo.
Después de investigar durante décadas el comportamiento social de bonobos y chimpancés, De Waal ha demostrado que los primates distinguen entre lo correcto y lo incorrecto, en lo que tal vez sea una prefiguración del bien y del mal. Asimismo, ha estudiado aspectos de la conducta de los primates como la empatía, el altruismo, la cooperación, la negociación, la reciprocidad, la reconciliación, el consuelo, el cuidado y la compasión. Una estupenda síntesis de sus investigaciones más recientes sobre lo que él denomina “moral evolutiva” puede encontrarse en internet bajo el formato de una conferencia magistral titulada “Comportamiento moral de los animales”. Quisiera detenerme en un punto de sus hallazgos. El contexto político me parece adecuado.
De Waal produjo un fuerte impacto en el ámbito de las ciencias sociales con un experimento destinado a probar que los primates desarrollan expectativas acerca de cómo deben dividirse los recursos, señalando que cuando se produce una desviación respecto de tales expectativas, surge una reacción negativa, manifestada habitualmente mediante una protesta por parte de los individuos afectados. El experimento, que se hizo extremadamente popular, consistía en hacer que dos monos realizaran una misma tarea, premiando a uno con rodajas de pepino y a otro con uvas. Los monos no tenían inconvenientes en efectuar la tarea si ambos recibían la misma recompensa, ya fueran rodajas de pepino o uvas, pero rechazaban con enorme vehemencia recibir un premio menos valioso que el compañero. El animal que recibía el pepino como premio masticaba satisfecho la primera rodaja, pero montaba en cólera cuando comprobaba que su compañero recibía uvas. A partir de entonces, rechazaba su recompensa y zarandeaba con gran agitación la jaula experimental.
Según De Waal, “la motivación subyacente no es tan diferente de la de los manifestantes callejeros que protestan contra el desempleo o los salarios bajos. La reacción de los indignados de Wall Street tiene que ver, en última instancia, con el hecho de que algunos nadan en la abundancia de uvas mientras que otros viven en un campo de pepinos”. Al fin y al cabo, concluye De Waal, “preocuparse por lo que obtienen otros puede parecer mezquino, pero a largo plazo previene el abuso”.
Una auténtica lección de ética en la política de los primates: ¡los privilegios generan rechazo!
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