Respeto cero

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Para relajarme un poco de las malas noticias, la semana pasada fui a ver el Asunción Danza 2013 (danza contemporánea) en el Teatro Municipal. Una de las bailarinas me invitó a ver su obra, así que decidí esa noche de temperatura tan agradable salir a respirar un poco de arte.

Durante casi 2 horas los bailarines brindaron su espectáculo. “Yo los admiro, hacen lo que quieren con sus cuerpos. Qué suerte que vine”, me decía una colega, quien, no obstante, agregó: “Pero fue muy largo”.

No voy a hablar de algo que no es lo mío, respecto a técnicas de baile y coreografías, pero sí tengo que mencionar el pésimo momento que me tocó vivir por la mala educación de la mayor parte del público. Por lo visto, continúa la costumbre de que terminada la danza de su pariente o amiga, se levantan y salen como si todo hubiera terminado. En otras palabras, para ellos los otros jóvenes que estaban bailando en ese momento no merecían ningún respeto. A esto sumamos las sueltas charlas que se escucharon a lo largo de todo el espectáculo, el sonar de celulares y las puertas abiertas de par en par.

Este tema del ruido lo comenté en Facebook, a propósito de las 400 arpas, también ahí la gente gritó y aplaudió mientras los músicos tocaban, en vez de hacerlo al final. ¿Hay que ser nomás artistas estoicos para soportar la falta de respeto? Molesta cuando se habla de mala educación, pero es lo que abunda, aunque lo más común sea no darse por aludido o disfrazar todo de espontaneidad y libertad.

Lo del Asunción Danza no es la excepción, ocurre en la mayoría de los espectáculos artísticos locales de baile. Me parece que con tantos años en el oficio, los organizadores ya deberían tomar medidas sobre este punto, exigiendo cumplir reglas, refrescando la memoria, reforzando métodos de enseñanza comunitaria y educación académica para hacer respetar su espacio y su trabajo.

Sabemos que los festivales de danza, principalmente los de cierre de año, significan mucha responsabilidad. Muchos nos preguntamos por qué tienen que bailar todas las alumnas si seleccionando a las mejores se conseguirían objetivos más elevados y el tiempo se manejaría normalmente. Pero tocar el tema de las academias de danza es “difícil”, según califica la misma gente del rubro, tanto por el lado de las alumnas y sus madres como por el de las profesoras y directoras de academias.

Lo cierto es que la desorganización es casi endémica. Además de la extensión, el que se permitiera entrar y salir durante todo momento pudo preverse.

El Asunción Danza fue cerrado este año por la bailarina y coreógrafa Mary Carmen Niella acompañada por Gabriel Lema en la guitarra. Hace tiempo no veíamos a esta artista como hoy, disfrutando en el escenario de la experimentación y la madurez. Es lamentable que la entrega de estos dos artistas fuera apreciada por menos de la mitad del público. Casi todos se habían ido. Curiosa, pensaba a dónde irían tan apurados, tal vez a comer una pizza al patio de comidas. Si ese día lo tenían marcado para ir a ver danza, ¿por qué se fueron?

La danza contemporánea no es un estilo muy popular, pero individualmente los números duraron un máximo de 10 minutos y la música fue variada. Fue excelente ver varones bailando, pocas veces podemos apreciar la fuerza y flexibilidad de sus cuerpos de esta manera. También fue emotivo reencontrar en el público a algunas personas que ponen el hombro por la danza desde hace décadas.

Quizás la organización debió haber hecho una pausa, así la gente que estaba tan cansada, aburrida y apresurada, podía liberarse del compromiso o del tedio. En algo estoy de acuerdo: nadie que no quiera estar en un lugar de creación y expresión debe ser retenido para sufrir lo que no puede sentir.

lperalta@abc.com.py