Según las investigaciones la precocidad para la pubertad en las niñas ha crecido notablemente desde mediados de los años 90. Se considera que la edad normal y saludable para comenzar a menstruar en condiciones de nutrición excelente podría ubicarse entre los 15 y 18 años. Sin embargo, hoy van en aumento las niñas que desarrollan sus mamas a los 10 años y menstrúan antes de los 12. Los investigadores consideran factores ambientales que pueden contribuir al descenso de la edad de la pubertad: a) Mayores índices de sobrepeso y obesidad en la infancia. b) Aumento de la ingesta de proteína de origen animal. c) Otros factores dietéticos: el alto consumo de productos lácteos y de refrescos también están asociados con una primera menstruación. d) Exposición a químicos que alteran el sistema endocrino. También sufrimos la sobrevaloración del cuerpo: “Hoy las niñas, también los niños, se preocupan cada vez más jóvenes por el culto al cuerpo, por lo que se están dando caso de trastornos alimenticios en niñas y niños menores de 10 años” (Elena Mayorga, terapeuta, experta en psicología de la mujer). Recordemos hace un par de años, la polémica desatada en Francia contra la revista Vogue, donde se publicaron fotos de niñas posando provocativamente con ropa y maquillaje de adultas, es decir, convertidas en mercancía sexual.
Para reencauzar el tiempo más saludable, los padres han de controlar la dieta de sus niños y promover el ejercicio físico. Es imprescindible dedicar un tiempo a la semana para informarse a fondo sobre una alimentación correcta, y en esto uno de los puntos importantes es el consumo de productos orgánicos y no los provenientes de pesticidas sintéticos.
Entre el chiste y la decadencia los chicos van creciendo: “A vos lo que te gusta es que te violen entre 4”, “vos sos la puta, por eso te gusta jugar a la mamá” (pelea entre niñas; oído al pasar). Hay niñas de 11 años que hablan de sexo explícito, se pasan datos que leen en internet y excluyen a las que viven su tiempo naturalmente considerándolas “bobas”. La ubicación es otro don perdido, cuántos adultos cuentan en ronda de amigas detalladamente sus aventuras o problemas sexuales frente a sus hijos. En la misma línea crítica, cuántas décadas de aplicación de la famosa salud sexual y reproductiva, sin éxito más que el económico para ideólogos y vendedores.
Sabemos que hoy urge aprender a hablar de sexo a los niños, no tenemos otra opción ante los derechos adquiridos del negocio y el libertinaje, pero debatiendo ideas y creencias primero entre adultos.
Nosotros somos los responsables de que la infancia se mantenga sana. Los programas de televisión, jueguitos, publicidad, charlas callejeras, como todo lo que se imparte oficialmente en la escuela, no debe dejar de pasar por el ojo avizor de los padres.
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