Hablar con Benítez Rickmann es rememorar capítulos del período autoritario que sometió al Paraguay durante casi 35 años. Mantiene el pensamiento forjado durante el stronismo, con aportes seguramente de la dictadura franquista de España, donde estuvo becado, pero es una fuente privilegiada por haber sido un hombre de confianza del Gral. Alfredo Stroessner.
Tres meses antes del golpe, relata Benítez Rickmann, durante un encuentro en Francia, el cónsul en ese entonces en Rotterdam (Holanda), César Díaz Aguilar, le ofrece buscar asilo político, porque le anuncia que en febrero cae el Partido Colorado y Stroessner. Él, preocupado, cambia de planes vacacionales –estaba con la esposa de viaje– y regresa al Paraguay para informar a Stroessner. Este, sin embargo, no le da crédito y casi en tono de burla expresa: “Esas son noticias lainísticas”. Benítez Rickmann explicó que para cubrir a su fuente señaló a Stroessner que la prensa europea manejaba el dato, a lo que el dictador respondió que a 14.000 km de distancia qué iban a saber esos medios periodísticos de lo que ocurría en el Gobierno paraguayo.
Quince días antes. Benítez recuerda también que el director de Puertos, Tomás Giménez Villalba, le comenta que le visitó un hermano del Gral. Andrés Rodríguez, que era director de depósitos en Ciudad Pte. Stroessner (hoy Ciudad del Este) y le refiere que “el loco de su hermano va a hacer un golpe contra Stroessner”. El escribano, presto, lleva nuevamente la noticia al dictador, pero este da como respuesta: “Dígale a mi buen amigo (Giménez Villalba) que me quieren predisponer contra Rodríguez”.
Tres días antes. El entonces subsecretario de Información y Cultura de la Presidencia en su oficina del Palacio de López recibe a una Miss Paraguay, cuyo nombre no quiso revelar, que llevaba una carta a Stroessner. No se aguantó de la curiosidad y abrió el sobre. Encontró un relato detallado, en partes algo fantasioso –dice– de los planes del golpe. El hombre fuerte que sojuzgaba al Paraguay tampoco reaccionó, según su exvocero.
Ya el 2 de febrero del 89, alrededor de las 4 de la mañana, recibe una llamada del corredor de autos José Carlos Grillón, “un amigo de Stroessner”, según Benítez Rickmann, quien le dice que estaba viajando a Ciudad Pte. Stroessner, porque a la noche ya nadie iba a poder salir del país por el golpe de Estado. A partir de ahí, puntualiza el escribano, hizo un periplo, con un amigo –José Domingo Durán, exmagistrado, ya fallecido– en el que comprobó que el golpe militar estaba en ciernes.
Recordó que esa noche, en el Comando en Jefe, Stroessner le pasó un fusil Fal y una bolsa de proyectiles, lo que le valió el mote de “el fusilero de la Candelaria”.
