La historiadora Mary Monte de López Moreira, presidenta de la Academia Paraguaya de la Historia, nos detalla las circunstancias que llevaron –más de cien años después– a la celebración de aquella gesta con la que se estableció el Día de la Mujer Paraguaya.
“El primer semestre de 1866 no fue muy halagüeño para el Ejército paraguayo, pero tras sufrir varias derrotas, las victoriosas batallas de Yatayty Corá, Sauce, Boquerón y la de Curupayty levantaron la moral de las milicias nacionales y la ciudadanía. El efusivo fervor se propagó por todo el país, de manera tal que un grupo de damas de la sociedad asuncena se propuso demostrar también su patriotismo de una forma diferente”, comienza explicando la investigadora sobre temas sociales y de género.
Con ese propósito, refiere que el 10 de enero de 1867, doña María Escolástica García del Barrio Díaz de Bedoya de Gill (apellido trasformado luego en Barrios Bedoya) convocó a una reunión en su residencia. Asistieron unas treinta personas, y la anfitriona les expuso el motivo y manifestó que era el momento en que todas las mujeres del país colaborasen a favor de la causa nacional e instó al ofrecimiento de joyas, reliquias y otros efectos que pudieran ser útiles para subsidiar los gastos de la contienda.
Las reuniones prosiguieron durante todo el mes de enero y el 24 de febrero –a instancias de la propia señora de Gill– se invitó a una magna asamblea a celebrarse en la plaza 14 de Mayo de Asunción. Asistieron más de mil mujeres y fue la primera en su clase celebrada en América. La organizadora del evento disertó ante la concurrencia no solo femenina, sino también ante un número considerable de ciudadanos, quienes la escucharon con atención:
“¡Conciudadanas: Es increíble la satisfacción que tengo al tomar la palabra contemplando que la sociedad de nuestro sexo que hoy se encuentra en esta honorable reunión popular, veo íntimamente animada de los más vivos sentimientos patrióticos, que inflan los corazones de todas las hijas de la Asunción por manifestar su entusiasmo y su dedicación al laudable pensamiento nacido en su seno de ofrecer en aras de la patria, todas las joyas y alhajas que poseemos, y que sirven de ornato a nuestras personas; podemos congratularnos hoy por haber llegado al momento de manifestar a la patria, nuestras ofrendas, para coadyuvar a los gastos de la gloriosa causa nacional…”. Este discurso lo publica El Semanario en su edición del 26 de enero de 1867.
Entusiasmo nacional
Mary Monte, docente universitaria de larga trayectoria, añade que “el sitio engalanado con luminarias, banderas, flores y banda de músicos se constituyó en un atractivo para toda la ciudadanía que concurrió entusiasta durante cuatro noches, en donde también hicieron uso de la palabra, no solo las señoras de la sociedad, sino también las mujeres de todas las clases sociales, entre ellas, las kygua vera. Los emotivos discursos produjeron en la concurrencia un entusiasmo singular para ofrecer sus alhajas y reliquias por una causa justa y legítima”.
Según El Semanario, todas las disertaciones de las señoras de la élite y las mujeres de la clase popular proclamaban la lealtad hacia el mariscal Francisco Solano López y ratificaban su admiración en la conducción de la contienda. A la vez, el periódico seguía alentado a la ciudadanía para que participase de los eventos y contribuyese con sus bienes por “una causa patriótica”.
La historiadora rescata otro extracto de la publicación de El Semanario del 4 de marzo de 1867:
“La mujer paraguaya, es nuestro orgullo, no solo ofrecen sus joyas y alhajas, sino también sus brazos y sus vidas para demostrar con hechos que son hermanas de los héroes que forman el ejército nacional (…). Todas las mujeres grandes y pequeñas, ricas y pobres confundidas como verdaderas republicanas preparan la realización de su pensamiento que hará temblar a nuestros invasores e inmortalizará a la mujer paraguaya”.
Comisión de 12 señoras
Tras los encuentros se decidió conformar una comisión de 12 señoras que llevarían la representación de las asuncenas para la convocatoria de asambleas similares en los pueblos del interior y disponer la elaboración “de un libro con la elegancia posible... y en él será consignado el documento del bello sexo nacional en los términos más propios y convenientes”. La comisión también habilitaría un libro para consignar las joyas que las ciudadanas manifestasen “para el fin esperado”. Mary Monte destaca que a las reuniones asistieron representantes del Gobierno que las apoyaban, entre ellos, el mismo vicepresidente, Francisco Sánchez, y el ministro de Relaciones Exteriores, José Berges.
“Si bien este acto asambleario se constituyó en una injerencia de mujeres en la vida pública paraguaya, es casi imposible comprobar si las asistentes concurrieron a las cuatro noches de manera voluntaria con ansias de participar en la política del país o, simplemente, fueron coaccionadas por referentes gubernativos, teniendo en cuenta que la mujer en ese tiempo, heredera de los cánones coloniales, se hallaba recluida en el hogar y dedicada con exclusividad a sus deberes domésticos y religiosos”, aclara la historiadora.
Las asambleas se realizaron en los cinco distritos asuncenos y en 73 pueblos del interior. En todas ellas, las mujeres deseaban ofrecer sus alhajas al presidente y, en vez de ellas, lucir en su reemplazo los colores de la bandera tricolor.
Siguió la efervescencia
La efervescencia popular se mantuvo en todo el país. Entre los meses de marzo y abril de 1867, las mujeres, por medio de unas boletas, declararon la posesión de sus bienes, las que fueron asentadas en tres libros mayores destinados exclusivamente para ese efecto. En un principio se trató de un inventario de manifestaciones de joyas y reliquias que las mujeres ofrecieron al Gobierno y no de donaciones, como siempre se creyó, o expresaron varios escritores e investigadores sobre el tema.
“No obstante, para no dejarlas sin sus reliquias, el mariscal López decidió aceptar solo la vigésima parte de esas manifestaciones y, para ese efecto, se habilitó otro libro mayor –que se conserva en el Museo Juan Sinforiano Bogarín– para recaudar las donaciones de joyas. El número de oferentes bajó y, también, las cantidades ofrecidas, pues tratándose de la vigésima parte, lo recaudado llegó a un total de 17 kilos de oro, aunque no todo se pudo invertir en la adquisición de armamentos, como se había pretendido inicialmente por el paulatino bloqueo que sufrió el país por las fuerzas aliadas”, afirma Mary Monte.
El protagonismo femenino en ese trance que vivía la nación fue fundamental, y no solamente donaron sus valiosos enseres, sino también ofrendaron en especies: maíz, mandioca, batata, yerba, gallinas, huevos, queso, etc. Durante la contienda, gran parte de la logística era atendida por mujeres que ejercían múltiples tareas en los campamentos. Reunidas en batallones bajo la autoridad de una sargenta, se ocupaban de la cocina, lavado y cultivos. También juntaban leñas, cavaban trincheras y atendían a los heridos, y en los dos últimos años ofrendaron sus vidas empuñando contra el enemigo cualquier objeto que pudiera defender a sus seres queridos.
Unas 25.000 mujeres
La cifra total de mujeres y unos cuantos hombres inscriptos en los tres libros es de 22.358, sin mencionar a las hijas o nietas u otros descendientes que algunas de ellas expresaban en los registros, pero omitiendo sus nombres. Por lo tanto, se calcula que podrían haber llegado a más de 25.000 mujeres, cantidad aproximada al 10% de toda la población femenina del país en ese tiempo.
En virtud de un proyecto de ley presentado por la diputada Carmen Casco de Lara Castro, en 1974, en homenaje a aquellas gloriosas mujeres, el 24 de febrero se recuerda el Día de la Mujer Paraguaya.
Fotos: ABC Color/Arcenio Acuña/Gentileza Mary Monte de López Moreira.
