Joaquín Salvador Lavado, mundialmente conocido como Quino, el creador de Mafalda, el personaje de historieta que, junto con sus amigos, marcó no solo a una, sino a varias generaciones, falleció el miércoles 30 de septiembre a los 88 años en Mendoza, su ciudad natal, donde se había instalado en noviembre de 2017 tras morir su esposa, Alicia Colombo. Al quedar viudo, el humorista ya no fue el mismo, la tristeza de su alma le pasó factura a su cuerpo y poco a poco se fue apagando.
Ni bien se supo la noticia de su deceso, un pesar unánime sumió no solo a los argentinos, sino también a los miles de seguidores de todo el planeta, cuya niñez y juventud fueron marcadas por esa niña que hacía reflexionar a los adultos con preguntas en una época en que no se podía hablar directamente sin correr peligro. “Se murió Quino. Toda la gente buena en el país y en el mundo lo llorará”, tuiteó Daniel Divinsky, amigo y editor del artista. El Gobierno argentino decretó un día de duelo nacional y se dispuso que la bandera nacional permaneciera izada a media asta en todos los edificios públicos.
Nace Mafalda
Hijo de inmigrantes españoles, Joaquín Salvador Lavado nació el 17 de julio de 1932 en Mendoza (Argentina). Siempre quiso ser viñetista. Lo decidió a los tres años, cuando un tío suyo, diseñador gráfico, por entretenerles a él y a sus hermanos empezó a hacerles dibujos. Quedó maravillado con todas las cosas que podían salir de un lápiz. A los trece años, Quino empezó a estudiar Bellas Artes en Mendoza, pero como lo suyo era el cómic, lo abandonó y a los 18 se mudó a Buenos Aires, donde publicó su primera tira cómica en el semanario Esto Es, en 1954.
La primera historieta de Mafalda se publicó el 29 de septiembre de 1964 en el semanario Primera Plana, pero la niña había nacido un año antes. Un trabajo inicial como dibujante de una agencia de publicidad porteña en la que Quino trabajaba para costear su pasión por el dibujo le indujo a crear a Mafalda, gracias a unos electrodomésticos. A Quino le encargaron elaborar tiras cómicas para una publicidad encubierta para los diarios en las que se mostrara en dibujos la vida de una familia que utilizaba los electrodomésticos Mansfield. Y de esa secuencia fonética surgió el nombre de Mafalda.
Las ocho primeras tiras dibujadas por Quino fueron ofrecidas en 1963 al diario Clarín, que descubrió el ardid publicitario y las rechazó, así como otros periódicos. Un año después se publicaron tres de esas tiras en el suplemento Gregorio de la revista Leoplan. A partir de entonces, empezaron a aparecer nuevas historias, ya desligadas de publicidad, en la revista Primera Plana. En 1965 saltó al diario bonaerense El Mundo y, en 1968, al semanario Siete Días Ilustrados, donde se publicó su última tira regular. El 25 de junio de 1973, Quino decidió que ya no dibujaría más a Mafalda.
A los libros
Más tarde, los libros que recogían aquellas escenas (Potentes, prepotentes e impotentes, Quinoterapia, Gente en su sitio, ¡Qué presente impresentable! o Yo no fui) venderían millones de ejemplares y serían traducidos al francés, al inglés, al japonés, al chino, ¡a más de 30 idiomas! Mafalda y el resto de los personajes como Miguelito, Felipe o Susanita nacieron en los convulsivos y revolucionarios años sesenta de Argentina y Latinoamérica. La niña, de aparentes inocentes ideas pacifistas, marcó e ilustró a una generación joven y de clase media argentina, gran parte de la cual acabó desaparecida o en el exilio. En 1976, al iniciarse la dictadura, Quino y Alicia decidieron irse a vivir a Italia y se instalaron en Milán. Partieron a tiempo, Miler y Divinsky fueron detenidos por los militares en 1977.
Aunque su vigencia en el siglo XXI es total, el dibujo de Mafalda quedó congelado en 1973. Sin embargo, no dudó en recrear a la niña por una buena causa, como cuando en 1977 ilustró la Declaración Universal de los Derechos del Niño para Unicef.
El dibujante y su “hija” fueron objeto de múltiples homenajes y recibieron galardones por todo el planeta; entre ellas se destacan en el 2014 el título de Caballero de la Legión de Honor de Francia y el Príncipe de Asturias de Humanidades. En 1990, le fue concedida a Quino la nacionalidad española.
El éxito de Mafalda
Muchos consideran que el secreto del éxito de Mafalda consistió en retratar una clase media con la que toda la región se podía identificar: un barrio en el que se podían hacer amigos, la ilusión de comprar el primer automóvil, una madre ama de casa, un padre oficinista que llegaba cansado al hogar. Quino era más que un caricaturista que dibujaba personajes o eventos costumbristas. Su idea no era hacer reír. Él quería mostrar algo más profundo de la experiencia cotidiana; su trabajo es una constante invitación al pensamiento crítico.
De hecho, Mafalda empezó a aparecer a través de imágenes y luego se convirtió en palabras y en ideas universales y atemporales.
Maestro de viñetistas
Artistas de nuestro país destacan la influencia que el argentino tuvo en sus carreras profesionales. Para el historietista Roberto Goiriz, Quino fue un filósofo universal que expresaba sus ideas a través de la historieta y el humor gráfico. “Lo hacía de una manera que resultaba graciosa y, al mismo tiempo, triste, pues muchas de sus reflexiones eran acerca de las relaciones entre los poderosos y los oprimidos. Había mucho de crítica social en sus tiras unitarias o en Mafalda, pero lo hacía de manera sutil e inteligente, una forma de eludir la censura de, justamente, los poderosos que en aquel momento gobernaban su país”.
“Quino fue mi norte en la ilustración y no creo que haya sido solamente el mío”, comenta Carlos “Caló” Sosa, ilustrador gráfico del diario ABC Color. “Creo que muchos dibujantes se guiaron en las líneas, trazos, texturas de Quino. Era un gran dibujante. Lo suyo no solo eran dibujos, sino mensajes. Era todo un combo. La crítica que hacía Quino no pasa de moda. De hecho, él mismo dice que no fue un visionario, sino que seguimos cometiendo los mismos errores, por eso sus mensajes siguen tan vigentes. Quino se valió de su pluma, de la tinta y su personaje para canalizar su visión de su tiempo, que es el mismo que vivimos. Lo mismo de siempre”.
Sin lugar a dudas, Quino fue un gran maestro de varias generaciones y su legado seguirá siendo emulado.
En guaraní
María Gloria Pereira tradujo Mafalda al guaraní en el Proyecto Sur de la Cancillería argentina a propuesta de Servilibro. Para ella fue uno de los desafíos laborales más maravillosos: “Crecí leyendo Mafalda y conocía a Quino por las noticias y las publicaciones. Lo admiraba profundamente y amaba a Mafalda con ternura infinita”, confiesa.
Cuando por fin terminó los dos primeros tomos, fue a Buenos Aires, Argentina, a presentarlos, y esa noche no durmió pensando que al siguiente día conocería a Quino. “Estuvimos temprano en el lugar y el impacto fue altísimo (fuimos noticia de tapa en Clarín al día siguiente) y me entrevistaron muchísimos medios. Cuando se abrió el ascensor y llegó Quino todos corrieron con sus flashes a recibirlo. Al ingresar al auditorio lo aplaudieron de pie y largamente. Él se sentó en la primera fila en su silla de ruedas y realizamos la presentación. Finalizado el acto pidió hablar conmigo. Me tomó de las manos con suavidad y me las sostuvo durante ese tiempo de encuentro. Me agradeció y no recuerdo qué respondí. ¡Yo era la agradecida! Pero la emoción me superó. Luego me pidió agradecer en guaraní, pero le costó pronunciar el aguyje”. Entonces ensayamos algo ‘más fácil’ como él mismo me dijo. Supo pronunciar ‘maitei’ y lo repitió a los presentes, la mayoría de ellos migrantes paraguayos en esa ciudad". Queda como un recuerdo imborrable.
Curiosidades
- Los personajes que empiezan con M, aparte de la protagonista, son el almacenero Manolito (y su padre, don Manolo), el inocente y preguntón Miguelito y, muy esporádicamente, Muriel, la bella chica de la que el soñador Felipe está enamorado.
- En España, Mafalda fue publicada por editorial Lumen en 1970, hace justo cincuenta años. Aún hoy se siguen editando sus tiras, en el orden cronológico clásico y en nuevos recopilatorios, como El amor según Mafalda, aparecido el pasado 9 de julio.
- Mafalda pasó también al cine, primero en lenguaje sonoro, pero como a Quino no le satisfizo la voz de Mafalda, la traspasó al cine mudo con más éxito.
- Mafalda no tenía apellido. Su padre no tenía nombre.
Fotos: Agencias AFP y EFE.
