Crecer y aprender a través del arte

La pasión por una educación diferente a la que existía en ese momento unió a un grupo de profesores, bajo la tutela de la artista plástica y pedagoga Olga Blinder. Pasaron 45 años de aquella hazaña, bajo el nombre de Taller de Expresión Infantil (TEI).

Aprendiendo los bailes típicos paraguayos.
Aprendiendo los bailes típicos paraguayos.

El arte como método de aprendizaje. Así empezaron estos profesores permitiendo a los niños una enseñanza basada en la libertad de acción, con responsabilidad. Con talleres de arte iniciaron las clases con conceptos revolucionarios para la época. En plena dictadura de Alfredo Stroessner, en los años 1970 y 1980, hablaban de la libertad de expresión, creatividad y sentido crítico, que no estaban bien vistos en esa época.

“Solo talleres de arte pudimos hacer sin autorización del ministerio”, recuerda Maricha Heisecke, su actual directora. “Con el tiempo nos autorizaron jardín de infantes y de ahí fuimos creciendo. Los padres solicitaban que continuemos con esa metodología y manera de trabajar”, recuerda sobre los inicios de esta institución.

Los chicos crecieron y así comenzaron a agregarse los grados, por lo que tuvieron que buscar una sede más grande. El amplio patio que tienen, les permite hacer clases al aire libre, para no limitarse netamente al aula de cuatro paredes. “Tenemos una buena capacidad de movimiento y de jugar con los chicos, porque trabajamos con la parte expresiva, creativa y el juego, porque creemos que si el chico juega tiene más interés, aprende más, porque le podés presentar la misma cosa, con una aptitud más lúdica y entonces su aprendizaje es mucho más fluido, más interesante”, explica respecto a la metodología que utilizan.

A medida que crecían los chicos, la escuela también lo hacía en expansión. Fue entonces que habilitaron hasta el noveno grado pasando a denominarse Escuela Taller de Expresión Infantil y Juvenil (TEIJ), siempre con el fin fundamental de guiar a los niños a su propio aprendizaje utilizando el arte.

En los años noventa, para comprender mejor esta metodología, hicieron cursos para profesores. Por lo tanto, se pudo diseminar esta idea. “Por lo menos la actitud de ver al niño y reconocer su expresión y sus características. Vimos que ese chico que estaba en el taller, se iba a la escuela y más o menos hacían cosas parecidas, pero no eran valoradas. Para nosotros es muy importante la valoración de la expresión del niño. Entonces, ¿qué hicimos? Vimos que era importante hablar con los padres. Hicimos talleres para padres y para maestros, para que reconozcan el proceso del chico. En qué etapa están, qué cosas deben hacer, porque a veces quieren que hagan otras cosas que todavía no pueden hacer, o porque no tienen la maduración necesaria o porque no les interesa o porque ya pasaron la etapa de hacer eso”, explica.

Aulas espaciadas y con participación de pocos chicos, el TEIJ desarrolla un aprendizaje diferenciado. La experiencia demuestra que cada niño aprende de manera diferente aunque estén viendo la misma cosa. “Valoramos esa diferenciación”, destaca Maricha.

Respetando eso, las clases se hacen de manera grupal e individual. Así se sabe qué aprendió uno y otro. “Si aprendió a sumar, se trabaja más en su punto flojo. En la clase se presenta el proyecto, siguiendo el contenido que plantea el Ministerio de Educación y se va viendo cómo van los aprendizajes de cada uno, con preguntas y juegos. Por ejemplo, vamos a dibujar qué sabes sobre el coronavirus, o escribir un cuento sobre tal cosa. Ahí vamos evaluando qué aprendió y qué falta reforzar”, indica la docente.

Con las clases virtuales realizaron una adecuación curricular, en base al programa del MEC, respetando siempre la diferencia individual. “Fuimos haciendo una selección de items importantes”, alega.

Como docente innata y con la trayectoria que le precede, Maricha opina que en este momento hacer una educación diferente es vital. “Es importante para mí que un niño que en un colegio es rechazado, porque no aprende o porque se porta mal, tenemos varios así y cuando vienen al TEIJ parece magia, aprenden”, declara. “Se trabaja la autoestima primero, valorar lo que puede y sobre eso se va desarrollando para alcanzar los otros puntos”, destaca.

Para ella es fundamental conocer al niño, saber qué le está pasando y no castigarlo simplemente. “Si hay algo castigable, le llamamos y le hablamos. Ellos nos respetan. Jugamos con ellos, pero ponemos ‘Hasta aquí’”, comenta.

En el TEIJ no utilizan uniforme, sino remeras, con dibujos seleccionados hechos por los alumnos poniendo en práctica lo que enseñan. Son remeras de varios colores que los chicos elijen cuál utilizar. “Su proyección también está en la ropa. Te vestís así porque es lo que te gusta, no porque yo te dije”, refiere.

Pese a las distintas dificultades que atravesó y atraviesa el TEIJ, Maricha se siente contenta por todo lo que han logrado en estos 45 años de trabajo. “A medida que vas mostrando cómo es el niño, qué le interesa, es una gran satisfacción”, indica, porque para ellos el alumno siempre será y es lo primero.

Más datos

En Facebook: @TEIJ.oficial

Dirección: Juana Pabla Carrillo 240 casi Espíritu Santo, de Asunción.

Teléfonos: (021) 290-388 y (0981) 292-124.

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